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Una vicepresidente cegada por la política

Actualizado: 12 de feb de 2019

En la lucha por defender su personalidad, Lucía Topolansky descubrió su tenacidad en la militancia social y en el Parlamento



Es casi imposible hablar con Lucía Topolansky de otra cosa que no sea política. Su definición de ella misma, sus vivencias, hasta la pasión detrás de sus ojos, es la política. Se concibe como una militante social y esa es la razón por la que dio su vida. “Porque me importa el prójimo. Me parece que uno no tiene causas si no es con los demás”, dijo.

Topolansky se crió entre El Prado, Pocitos y Punta del Este. Su padre era ingeniero, su madre ama de casa y era “impensable que no estuviera” cuando los siete niños volvían de la escuela.

Los recuerdos de su infancia son flashes que vienen y se van. Empiezan en Pocitos, en una casa que siempre estaba llena de gente. “En una época vivíamos al lado del viejo club Trouville y desde la azotea de mi casa se veían los partidos de básquetbol, entonces venían todos a mirarlo. Garroneábamos el partido”, contó con una sonrisa casi imperceptible. Los recuerdos vuelven a aparecer, pero esta vez son de unos años antes, cuando Uruguay ganó el mundial en 1950 y la verdulera Juanita Tadeo subió a los chicos del barrio en su camión y los llevó a 18 de Julio a festejar. “De punta, de taco, vencimos a los macacos”, cantaban desde el camión, recordó Topolansky mientras golpeaba la mesa al ritmo de la canción.


Flashes en su mayoría alegres, incluso los que nacen de recuerdos tristes, como el del cuadro Figari que salvó la vida de su padre cuando sufrió cáncer de colon. “Para pagar la operación, tuvimos que vender un cuadro que había en mi casa, muy preciado, que se lo habían regalado a mis padres cuando se casaron. Era un Figari. Nosotros siempre amamos ese Figari, aunque lo perdimos. Viste que cuando sacás un cuadro de una pared queda como una marca. Nunca le dejamos a mi madre pintar ahí porque eso era un símbolo para nosotros”, recordó con añoranza.



Familia Topolansky- Saavedra en vacaciones en Florida. *Foto: Libro Ana la Guerrillera de Nelson Caula y Alberto Silva

De a poco la personalidad de Topolansky se iba moldeando. Aventurera, desmesurada, inquieta, pero más que nada, tenaz. “Eso es lo que me ha ayudado más en mi vida. Meterme en una cosa y hacerla. Convencerme de que salgo y peleo”, afirmó con el puño apretado y la mirada fija. Esa tenacidad también la salvó de un cáncer de mama en 2011. De la misma manera la definió Ernesto Agazzi, dirigente político del MPP, “Lucía es muy buena compañera. Muy sensible desde el punto de vista humano y muy pertinaz. Cuando se propone algo no hay obstáculo que la detenga”, dijo.

La tenacidad pudo más que la inclinación de su familia de igualarla con su melliza María Elia. “Tenía que pelear por mi individualidad y mi personalidad. Me molestaba que me dijeran ‘la melli’. ¿Por qué no me decían por mi nombre? O que mi madre hiciera una torta de cumpleaños con dos velitas. Haceme aunque sea un bizcocho con mi propia velita. Era una lucha no en contra de mi hermana, pero en contra a esa cultura de igualar”, contó.


Lucía y María Elia Topolansky. *Foto: Libro Ana la Guerrillera de Nelson Caula y Alberto Silva

Defender la personalidad y no el individualismo. Eso también fue la motivación de la joven Topolansky para unirse al grupo de la parroquia universitaria que funcionaba en la Iglesia del Cordón. Las peregrinaciones eran una de las actividades y a través de ellas se vinculó con los servicios sociales. Se movían en grupos de a 10 buscando transmitir sus pensamientos y aprovechaban para discutir sobre política y problemas sociales. Pero ella entendía que la religión y la iglesia no daban respuestas concretas a esos problemas y el vacío que le faltaba llenar, lo encontró en la política, específicamente en la izquierda.

De a poco empezó a vincularse más con la política y a alejarse de la religión. Primaron las ideas de su padre que era batllista y ateo y quien solo entró a una iglesia el día de su casamiento. Su madre era votante de la Unión Cívica y católica practicante.


Una joven con ideas fuertes


Cuando tenían 14 años, Lucía y María Elia Topolansky iban al Colegio Santo Domingo de las hermanas domínicas y organizaron su primer paro. El motivo era brindar su apoyo a los universitarios que buscaban crear una Ley Orgánica, aunque reconoció que en ese momento no hubiese podido responder con profundidad de qué se trataba el proyecto. Sólo una compañera no se adhirió, pero casi les costó la expulsión. Sus buenas notas fueron su salvación.

Al entrar a la Facultad de Arquitectura de la Universidad de la República, el pensamiento de defender la injusticia social se intensificó y la influencia y admiración hacia la Revolución Cubana jugó un papel importante. En el Movimiento de Liberación Nacional (MLN), Topolansky vio reflejada esa revolución y por eso se unió.


El Movimiento de Liberación Nacional (MLN) - Tupamaros es un grupo político uruguayo que nació como un frente guerrillero en la década de 1960.



Su familia se enteró de su decisión cuando tuvo que pasar a la clandestinidad. Ella cree que no estaban de acuerdo, pero poco le importó. Sus decisiones eran suyas y ya era mayor de edad, por lo que tampoco se planteó consultarlo. Además, estaba convencida de las causas por las que luchaba.


Tan claras tenía sus ideas que también fueron las razones por las cuales no tuvo hijos. Aunque le hubiese gustado, no lo ve como un “trauma”. “Mientras estuve en la clandestinidad fue una decisión, porque uno si tiene un hijo tiene una responsabilidad y una dedicación que yo no iba a poder tener. Entre la causa y el hijo, opté por la causa. Después de que salí de la cárcel tenía 40 y algo. Yo tampoco pretendo ser la del récord guinness”, dijo.

Los 13 años presa


Su clandestinidad terminó cuando cumplió 30 años y la detuvieron. Recuperó la libertad 13 años después. Durante los años presa su paciencia la ayudó a sobrevivir. “Es lo que te mantiene la cabeza fría y el corazón caliente”, dijo. Recuerda todo lo que vivió y resaltó que dentro de la cárcel se conoce “al ser humano desnudo, con sus glorias y sus miserias”.

¿Ahí adentro se resaltan más las miserias o las glorias?


—Eso no se puede decir así, de forma tajante. Vos estás en una situación en la que todos los días tenés que tener claro las causas que te llevaron ahí, seguir creyendo en la causa y defenderte de una situación hostil.


Momento de la detención de Lucía Topolansky. *Foto: Libro Ana la Guerrillera de Nelson Caula y Alberto Silva

¿Le quedó algún trauma?


—Pienso que me habrá quedado, capaz que los que te hablan sobre mí te dicen que lo manifesté. Yo lo que traté es de vivir, de recuperar la vida y seguir peleando por la misma causa. Y fue lo que hice al día siguiente de haber salido, ya me puse a militar, no perdí un minuto, y recompuse mi vida personal.


“Te miente el que te diga que estuvo una cantidad de años preso y salió como una mariposa. Te marcan esos años que estuviste ahí”, dijo.

¿Hubo algún momento dentro de la cárcel que dijese “no puedo más”?


—Por suerte no llegué a eso. Estaba podrida de estar presa. Pero no en ese ánimo. Porque te ayuda que tengas una causa. Eso es muy fácil de decir, pero no es sencillo de hacer. Había mucha gente que estaba muy mal en Uruguay y había que seguir peleando. La única lucha que se pierde es la que se abandona y yo no estuve dispuesta de abandonar la lucha.


Hay personas que todavía piensan en “cobrar” a los exmiembros del MLN “las cosas que vivieron en el pasado”. ¿Cree que ellos no son conscientes de lo que ustedes vivieron en la cárcel?


—Yo no hablo de cobrar cuentas, eso lo dijiste vos. Hay gente que no estuvo ni cinco minutos en un calabozo y da opiniones, y realmente no sabe. Yo sé lo que se siente. Que dependas de esa puerta que está trancada y del tipo que está afuera, entonces puedo entender cosas. No es una ventaja lo mío, es tratar de usar positivamente una mala suerte que tuve. Yo no tengo odios ni revanchismos en mi cabeza. Sí creo en la justicia. Creo que está bien lo que hizo Uruguay al haber votado una ley de amnistía. Es muy difícil, cada uno estas circunstancias las vivió desde un punto diferente, es muy difícil a veces que no se mezcle la cuestión política  e ideológica del momento. Así como yo soy de las que no lo juzga al senador (Pedro) Bordaberry por su padre, porque para mí el hijo es el hijo y el padre es el padre. Y yo puedo estar totalmente en desacuerdo con el padre y puedo tener discrepancias con el senador, pero no tiene las culpas del padre, ni se me pasa por la mente eso. Pretendo esa misma conducta hacia mi persona.


Liberación de Lucía y María Elia Topolansky. 10 de marzo de 1985. *Foto: Libro Ana la Guerrillera de Nelson Caula y Alberto Silva

Ni su voz, ni su postura, ni sus gestos cambiaron ante las preguntas sobre sus días en la cárcel. Pero al tener que responder por la situación económica de su familia, Topolansky se enderezó en su asiento y contestó.


Respecto a no relacionar a los hijos con los padres, usted viene de una familia que tuvo una buena situación económica. ¿qué opina de esas familias que hablan de usted como “la rica que se unió al MLN”?


—Primero hay un mito sobre la situación económica de mi familia. Mi familia era una familia de capa media, hija de un profesional como es la enorme mayoría de los profesionales. Que la familia de mi madre fuera una familia de las fundadoras de Uruguay y por tanto con cierto aire patricio es verdad, pero eso no tiene nada que ver. Yo los veía a mi padre y a mi madre trabajando todo el día. Eso no es sinónimo de que a mi familia le sobrara la plata. La escuela a la que yo iba me la pagaba mi abuelo. Nada tiene que ver además, cualquiera puede tomar la decisión política que quiera tenga la familia que tenga. Yo tuve la oportunidad de estudiar de conocer cosas, eso te desarrolla la conciencia.


El futuro de la vicepresidente


Sus razones de lucha siguen presentes y refleja otra vez su principal característica: la tenacidad, “mientras haya pobres en Latinoamérica o en Uruguay (mis razones) van a seguir estando”, dijo. Lo que cambió fue el camino. Las próximas elecciones Topolansky no cree que siga en el Parlamento. “He llegado a la conclusión que debería existir una norma para que no se pueda estar tantos años seguidos”, dijo. Pero sí va a militar, principalmente en la escuela agraria que apoyan junto con su esposo, José Mujica.  


“He llegado a la conclusión que debería existir una norma para que no se pueda estar tantos años seguidos”, dijo.

No se arrepiente de nada, “en el acierto o en el error me hago cargo del camino que tomé”, dijo y agregó, “nadie me obligó, yo tomé las decisiones que tuve que tomar libremente y sufrí las consecuencias”.



Katherine Chamyan/ Belén Danza

Noviembre 2018

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