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Una vida con el candombe como "único sentido"

Actualizado: 16 de feb de 2019

Fernando "Lobo" Núñez repasa las personas y los lugares que pudo conocer gracias a su trabajo como músico y luthier

Nada puede definirlo de forma tan precisa como su bunker. Construido con cosas recogidas de la calle por él y los suyos, su pequeño pero aprovechado espacio guarda las objetos que marcaron la historia del hombre de 62 años.


Él la define como su cueva: sus fotos, su radio -que suena a toda hora en la 97.1 FM Radio Babel-, su baño con puerta estilo lejano oeste, puesta tan alta que por abajo deja ver un poco más de lo acostumbrado, sus pósters de música, su mapa del mundo, su escritorio desordenado y su innumerable cantidad y variedad de instrumentos.


Si centrás la mirada en la pared más larga, la que está opuesta a la entrada, sobre el lado izquierdo de la tele, abajo de la diana para tirar dardos, ves una foto y recordás que es el músico que le dio agua de la canilla a Mick Jagger. Pero si sos del Barrio Sur o Palermo o si te gusta el candombe te sabés su nombre: Fernando “Lobo” Núñez.


A continuación, Núñez repasa su vida en 5 fotos:


Foto 1.

Esta foto es de mi infancia, con mis hermanos caminando por 18 y Ejido. Con mi familia vivimos muy en armonía, mis padres no tanto, estaban juntos pero no se llevaban muy bien. Con mis hermanos teníamos una relación normal de hermanos, íbamos a la escuela Chile. Ni en ese momento ni después me cambió ser negro. Es verdad que te condiciona en situaciones como cuando te subís a un ómnibus y la gente no se sienta al lado tuyo, o cuando vas a la casa de una persona que vive en un edificio y el portero te pregunta quinientas veces lo mismo. Pero si no me cambió antes menos me va a cambiar ahora a los 62 años.

Cuando a mi me preguntan si hay racismo en el Uruguay, yo contesto con una pregunta, ¿Dónde no hay racismo? Es inevitable.

Foto 2.

Acá estoy en mi taller de instrumentos. Como luthier -o artesano, como quieras llamarlo- me fui ganando la vida, trabajé siempre por mi cuenta, lo que es bueno porque sos tu propio patrón con algo que te gusta y que es lo que mejor sabés hacer. Me siento muy cómodo, no tengo horario, decido, hago y creo cuando quiero. No son invento mío pero sí de mi ingenio.

Soy autodidacta. Aprendí con otro pero no me enseñaba, yo le robe el oficio. Miraba lo que hacía, pero todos son muy celosos entonces nadie te enseña, trabajas para él solo para ayudarlo. Tenías que ir intuyendo y aprendiendo. Me permitía tener más acción, más trabajo y cuando quise acordar, sabía todo.

Significó un compromiso el aprender para mí porque después tuve que superar a mi maestro. Aprendí con Cabeza Montrasi, él con Juan Velorio y Juan con Pico Acosta. Siempre fue así. Yo estoy perdonado 100 años, le robé a un ladrón.


Me acuerdo del primer tambor que hice y me da una lástima. No lo tenía que haber vendido, me dio tremendo laburo hacerlo, pero necesitaba dinero y lo vendí.


Foto 3.

Este conjunto se llamaba La Calenda y es con el que participamos en Las Llamadas. Para mí el Carnaval es el evento popular más importante. Convoca más que cualquier otro evento y dura un mes, ningún otro evento dura tanto. Además, hoy hay llamadas todo el año y en todos lados, en cada ciudad del interior hay 5 o 6 cuerdas de tambores. Incluso en el exterior, en Suecia, en Nueva York, en Noruega. Culturalmente lo que proliferó el candombe en los últimos 20 años no tiene comparación con nada.


Aún sigue sin ser reconocido como el folklore más autóctono. Siguen diciendo que el tango, que esto, que lo otro. El tango es compartido! Los instrumentos autóctonos por excelencia son el chico, el repique y el plano. Si bien tienen raíces africanas, nacieron acá.


No se lo reconoce porque hay mucha hipocresía. El racismo indirecto no les permite ver y reconocer. Que ahora se toque en todos los barrios y no sea solo cosa de negros es un reconocimiento que te lo da la sociedad.


Foto 4.

En esta foto estoy en las cataratas del Niágara. El candombe me llevó a lugares que sin él sería más difícil haber llegado. América del Sur conozco todo menos Bolivia. Después del resto de América estuve en México, Cuba, Estados Unidos, Canadá, Puerto Rico y también en España, Portugal, Francia, Alemania, Noruega, Dinamarca, Suecia, Qatar, Senegal, Corea del Sur, Japón. El candombe es una sorpresa rítmica para la gente y por eso le llega a todas las culturas.


Los viajes los hice con varios proyectos. Viajé con Drexler, Rada, Jaime Ross, he ido solo, he dado talleres en la universidad de Filadelfia, en la de Nueva York, en la Escuela de Música de Oslo.


Foto 5.

Esta foto con Mick (Jagger) es… (se emociona) nada más y nada menos que el único sentido que tiene mi vida, que es el candombe. Porque a través del candombe llegan estas estrellas, en este caso la máxima estrella de la historia del rock.


Él que quería venir era Bernard Fawler (corista de The Rolling Stones), que es amigo de Dinamita (Federico Pereda) y de Fran (Francisco Fattoruso). Me llama Fran para avisarme y yo llamo a Rada para que venga un rato antes. Llegó Fran con Fawler y el Zorrito (Fabián Quintiero) y cuando estábamos tomando una cervecita miro para afuera y se estacionan tres camionetas negras Audi. Parecía que venía Al Capone. Se bajan dos seguridad y entran a mi casa. “Buenas noches, con permiso, venimos con unos artistas queremos saber si pueden entrar”, dicen, les respondemos que obviamente que sí y ahí se abrió la limusina del medio y apareció el tipo (Mick Jagger).


Entró, se sentó en un sillón hecho por mi que en realidad es la careta de un camión y empezamos a tocar. Él miraba y escuchaba muy atentamente. Estaba con mis hijos, Rada y dos o tres amigos más tocando en el patio de casa. Fuimos al taller y vio el proceso artesanal que hago y se re entusiasmó. Cuando se hicieron las 12 -ese día era mi cumpleaños- me cantaron que los cumplas feliz, después él cantó Satisfaction y piramos.


Agustín Escudero / Eugenia Arana

Agosto 2018

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