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Nicolás Vigneri prefirió la pasión al dinero

Actualizado: 15 de feb de 2019


Vigneri es uno de los líderes de Fénix, club que lucha por no descender.



Era jueves de mañana y Fénix, último en la tabla del descenso, entrenaba en su cancha, el Parque Capurro. El partido del fin de semana ante Boston River era fundamental para salvarse y no descender a la segunda categoría. Pero su director técnico, Juan Ramón Carrasco, no estaba en el entrenamiento. “Debe tener cosas más importantes que hacer”, dijo el canchero entre risas, mientras sacaba los materiales de un cuartito al costado de la cancha.


La charla a los jugadores la dio entonces Leonardo Palmer, preparador físico que ha acompañado a Carrasco durante toda su trayectoria. “Carrasco no vino porque está analizando los videos de los rivales y eso lleva mucho tiempo”, dijo, tratando de proteger a su colega, a su amigo. No era la primera vez que no iba, y según los del club, no será la última. Los jugadores escucharon atentamente las palabras de Palmer y comenzaron a entrenar, distendidos, como si la realidad de su club les fuera ajena.


Sin su figura líder, algunos jugadores tomaron ese rol de forma natural. Uno de ellos fue Nicolás Vigneri (35), delantero que lleva un gol en el torneo uruguayo y busca, junto a sus compañeros, sacar a su club de ese lugar tan poco querido por cualquier futbolista.


“Nicolás es un líder, una persona muy especial para Fénix. Es un tipo del barrio. Él nació acá y quiso volver. Son pocos los jugadores que conocen y que son conocidos por el entorno”, dijo Palmer, mientras Vigneri y tres más corrían alrededor de la cancha. El resto de los jugadores trabajaban con pesas en una esquina del predio.


Vigneri es feliz en Fénix. A principios de 2018 tuvo una oferta desde México -donde estaba jugando- para quedarse por seis meses más, pero la rechazó. Prefirió esperar el llamado del presidente del club para volver a su equipo, ese que en 2003 y también bajo la conducción de Carrasco lo vio nacer en un inolvidable 6 a 1 ante Cruz Azul de México por Copa Libertadores en el Franzini.



Vistió la camiseta de los dos grande de Uruguay. Su buen desempeño en Peñarol lo llevó a la selección uruguaya, donde disputó 11 partidos y convirtió tres goles. Además jugó en Europa con más penas que glorias, y en equipos de Argentina, Venezuela, México, Perú y Costa Rica. Vigneri cree haber tenido una carrera aceptable, aunque reconoció que le faltó una venta a Europa que le diera cierta comodidad económica para el futuro.


Su corazón es albivioleta. A pesar de definirse como hincha de Fénix, su segundo cuadro es Peñarol. “La ida a Nacional me la tomé como un trabajo”, dijo.


Para la vuelta a La Teja primó el amor por la camiseta. “Hace tres meses que no nos pagan los sueldos. Y cuando pagan, pagan el mínimo, alrededor de 28.000 pesos, que es por lo que se firma en la AUF. Se supone que después el club te paga más dinero, pero no tiene. Es difícil, más si tenés que mantener una familia”, dijo.


Ahora vive en su barrio, en una construcción arriba de la casa de los padres junto a su esposa y sus hijos. La Teja es para Vigneri mejor que España o que México, donde los sueldos son mucho más altos.


La práctica duró menos de una hora y media. De a poco, los jugadores se fueron al vestuario a cambiarse. Quedaron algunos conversando con el preparador físico, entre ellos Vigneri.


El partido ante Boston River, que prepararon durante la semana, se suspendió por las fuertes tormentas. La lluvia y el viento postergó la esperanza y dio una semana más al equipo de Capurro para que intente, como lo dice su nombre, renacer de las cenizas para quedarse una temporada más en la Primera división del fútbol uruguayo.





Juan Pedro Falco / Mateo Peri


Setiembre 2018

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