• Corcho

Los vagabundos alientan a Wanderers

Actualizado: 15 de feb de 2019

Andrés Alonso se encarga de una banda chica pero fiel.



Los vagabundos se juntaron el sábado 8 antes del partido de Wanderers, en la esquina entre Ramón Cáceres y Carlos María de Pena del barrio Prado. Como todos los fines de semana, primero entraron los bombos y las banderas al Parque Viera, antes de que la policía llegara a la cancha para prohibirles el ingreso de sus trapos. Una vez adentro, ya no tenían riesgo de que se los incautaran. Luego volvieron a su punto de encuentro, a esa esquina a cinco cuadras de la cancha para hacer la previa.


Eran unos 15 hinchas aproximadamente, todos con gorros, camperas y camisetas blancas y negras de Wanderers. Entre sorbos de vino, cantaban canciones que acompañaban con palmas o brazos al cielo y tiraban algunos fuegos artificiales ruidosos. Le gritaron a un grupo de mujeres que pasaba, las cuatro chiquilinas sonrieron, un poco nerviosas, y se alejaron. Tiraron otro fuego artificial de pólvora mojada y vieja que explotó a la altura de los ojos. Otra mujer, morocha, atravesó con su perro la esquina de los vagabundos y ninguno dijo nada.


Cuando no cantaban ni saltaban, discutían sobre la tabla de posiciones del Torneo Uruguayo, las chances que tenía el bohemio de ganar y lo lindo de jugar, por primera vez en su historia, de noche en el Viera. Hace poco el club inauguró la red lumínica del estadio y este partido ante Fénix era el primero oficial con las luces nuevas.


A falta de cuarenta minutos para el partido, llegó Andrés Alonso, conocido como el gallego, vestido con una campera larga negra del club y unos lentes con vidrios negros y armazón de colores, manos en los bolsillos y presencia tranquila. “Llegué tarde chiquilines, estuvo dura la noche de ayer”, señaló y aceptó un trago de rosado dulce que le ofreció un compañero. Otro le pidió al Picky, que vive en el kiosco que también funciona como su casa, para ir al baño. “Acordate que la cisterna no anda, pero tenés un balde al lado del water”, le recordó Picky a su amigo.


Alonso es el miembro más importante de la banda, quien organiza las juntadas y los viajes. Es el intermediario entre la hinchada y los dirigentes y quien le consigue entradas a los hinchas que no las pueden pagar.


“Mi abuelo y mi viejo me hicieron hincha de Wanderers”, contó. De chico, el fútbol y el club eran parte de su familia. A los 8 años lo llevaron por primera vez a la cancha y nunca más dejó de ir. Al principio, iba a la René Tito Borges, tribuna del costado de la cancha, pero poco a poco se fue acercando a la Jorge Barrios, la de atrás del arco, la de las banderas y los bombos.


Eran las 18:10 y el partido comenzaba en 20 minutos. Los vagabundos arrancaron a caminar a la cancha. Iban todos juntos y cantaban, ahora sí, más alborotados, pero sin caer en la locura. Algunos autos que pasaban hacían sonar sus bocinas y se sumaban al microclima de fiesta que avanzaba lentamente al Viera.


“Somos una familia acá. Nos conocemos entre todos. Este (señaló a un hincha que caminaba solo) es del interior. Aquel es el hijo de Fabián Oneill (señaló a otro de gorro y championes blancos). Es hincha de Wanderers y juega en las inferiores de Nacional”, contó otro hincha en plena caminata.


El fútbol parece ser, al menos por sus rutinas de fin de semana, lo más importante en la vida de Alonso. Los domingos temprano, los mismos que alientan al club en las tribunas, se calzan los championes con tapones y juegan juntos en la Liga 7 Uruguay, en un equipo llamado Wanderful en honor a su pasión compartida. Allí, Alonso usa la camiseta número dos y juega como defensor central del cuadro con camiseta, obviamente, negra y blanca a rayas verticales.



Más allá de hincha, Alonso es conductor de ambulancias. Entre semana trabaja de día y los fines de semana de noche para poder ver a Wanderers y llegar, sin dormir, al otro día al partido con Wanderful temprano a la mañana. Afirma que al ser un trabajador público, cobra un buen sueldo y está por ser promovido a chofer de ambulancia especializada, que implica menos horas y mejor salario. A su vez, estudió cocina y turismo y, a pesar de estar feliz con su trabajo, le gustaría emprender en ese rubro.


A media cuadra del estadio, cruzando el puente que atraviesa el arroyo Marco Atilio Pelossi, Alonso recordó una de las batallas que tuvo la banda contra otra hinchada. “Jugábamos contra Peñarol y creíamos que había custodia policial. No había nada. Nos saltaron arriba de los dos lados del puente y terminamos en una batalla campal. Hasta que vino la policía nos cagamos a piñas, yo bajé como a tres”, contó. Esto hizo que lo buscaran todos los hinchas de Peñarol. “Me esperaban en la puerta de mi casa. Tuve que pedirle a un hincha de Wanderers del 40 semanas que los conocía, que hablara con ellos para que no me maten”, dijo.


Después de 5 cuadras de caminata, la banda llegó al estadio. Entraron por el único acceso para el público “bohemio” y se acomodaron en las escaleras para vender rifas a los hinchas locales. Además, sortearon una camiseta que les regala el club para pagarse los traslados y todo lo que necesite “la banda”. “¡A 50 pesitos la rifa para ganarte la camiseta oficial!”, gritaban todos.


Alonso esperó tranquilo el inicio del partido, parado cerca de la entrada. No hubo simpatizante que no lo saludara. Hombres, mujeres y niños abrazaron afectuosamente al hincha símbolo del club, que recordaba perfectamente el nombre de todos y respondía el saludo con el mismo cariño que lo recibía.


“Yo hice algunas canciones de cancha, ahora hace mucho que no hago. Pero a cualquiera que se le ocurra uno la presenta a la banda y si está buena la cantamos”, dijo Alonso. “Siempre hay tres o cuatro canciones más que cantamos y las viejas van quedando de lado. Aunque a veces viene un viejo colgado que recuerda una de antes y la cantamos”, continuó.


Iba a empezar el partido y los vagabundos terminaron de vender las últimas rifas y enfilaron para la tribuna popular. Entre las banderas verticales se colocaron en posición. Arrancaron a sonar el bombo y el redoblante y los cánticos de la hinchada se hicieron sentir, al menos al comienzo, porque Wanderers atacaba para ese arco y la ilusión del gol les quedaba cerca.





Alonso, agarrado de una vertical negra, saltaba y cantaba con la mirada en la pelota. Otros hinchas cantaban de espaldas a la cancha mirándose entre ellos. En el partido dominaba Wanderers y en la tribuna también, porque Fenix llevó muy poca gente al Prado.


Un niño y su padre se arrimaron a la cabecera. De una bolsa sacaron un tambor con el escudo de Wanderers estampado en el cuero. El padre le dio una baqueta y el niño trataba de seguir el ritmo de los bombos, que sonaban a menos de cinco metros de él.

Cuando terminó el primer tiempo muchos hinchas se fueron para la platea, para estar cerca del arco a donde atacaría el bohemio. “Hubo un éxodo”, dijo el hincha que volvía de sortear la camiseta. La cabecera quedó despoblada y los bombos en las gradas.

Con el segundo tiempo vino un gol de Fénix, que necesitaba una victoria para alejarse de la zona de descenso, frente a la hinchada ya diezmada de Wanderers. “La puta que lo parió, Carrasco siempre nos sienta”, dijo Alonso en referencia al director técnico de Fénix. Pasaban los minutos y el empate no llegaba. El tercero en la tabla del Clausura no lograba empatarle al último.


En la cabecera de Wanderers observaban a la gente de la platea irse. “Esos no son de Wanderers, son gente que estaba en la Rural y pasaron”, dijo un hincha. Pegado al Parque Viera estaba en plena marcha la Expo Prado y quienes tenía entrada podían entrar a ver el partido.


“Era obvio que Fénix nos iba a ganar”, dijo Alonso un instante antes de que Albarracín lograra el empate para Wanderers y los hinchas en la tribuna se fundieron en un abrazo de alegría y desahogo.



Terminó el partido, saludaron a los jugadores y empezaron a descolgar las banderas. Alonso les recordó que hoy no se podía llevar nada porque tenía que trabajar toda la noche, de 23.00 a 7.00. El resto amontonaba las banderas abajo de las gradas y enroscaban las verticales, con calma, como si eso fuero lo más importante y el partido una excusa para tener dónde juntarse y colgar sus trapos.


Mateo Peri/ Juan Pedro Falco


Setiembre 2018

​© 2023 by STREET LIFE. Proudly created with Wix.com

  • Twitter Corcho
  • Instagram Corcho