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La tarotista que le toma el pulso a la República

Actualizado: 20 de feb de 2019


Del mundo educativo al mundo místico, esta es la nueva vida de Martha




Hace siete años que Martha trabaja como tarotista. Recibe a sus clientes en su casa ubicada en el Prado, en un pequeño cuarto que utiliza como consultorio. La pieza tenía una puerta de vidrio que daba al patio de la casa, en donde había dos sillas blancas de hierro. Para Martha, esa es la “sala de espera” donde los acompañantes de sus clientes aguardan mientras realiza la consulta. Dentro del lugar había una mesa redonda cubierta por un mantel marrón bordado con arabescos y dos sillas, una para ella y otra para el cliente.


Martha tiene 68 años y hace siete que se jubiló de profesora de biología. También fue directora e inspectora de varios liceos de Montevideo. Pero siempre estuvo atraída por ese mundo místico. Fue a escuela y liceo católicos pero en su adolescencia se alejó de la religión. Un tiempo después se encontró con otro concepto de Dios. “Comencé a leer sobre la ciencia y la mística y comencé a abrir mi espíritu a todo lo que tenía que ver con esos temas”, contó.


Hubo un punto de quiebre en esa vida como docente. En 2001 le diagnosticaron cáncer en una mama y percibió que algo en su vida no estaba bien. Sin embargo ignoró ese sentimiento y continuó con su trabajo tradicional. “Era una tarea sumamente estresante”, recordó. Nueve años más tarde le diagnosticaron cáncer en la otra mama y ahí se dio cuenta que el mensaje era muy fuerte. Para ella, fue un momento de crisis, donde tuvo que afrontar las consecuencias físicas que provoca la enfermedad, como los efectos de la quimioterapia o la mastectomía bilateral que padeció. Admitió que en ese momento estuvo en el límite de la muerte y que ese fue el comienzo de su segunda vida.


“El tarot fue mi salvación”


Durante su enfermedad, Martha profundizó mucho en el tarot y apostó a eso. El oficio de interpretar las cartas y relacionarlas con la vida de las personas, lo aprendió de una mujer que iba a su casa a darle clases. Pero admitió que la práctica es lo más importante. “Acá viene mucha gente que quiere que yo les enseñe, pero yo ya di muchas clases, no estoy para eso”, dijo.


Para ella cada carta del mazo tiene un significado y se vincula con la vida de las personas. Sobre la mesa redonda habían tres mazos de distintos tamaños y con distintas figuras. Ella utiliza tres tipos: el de Marsella, el Gitano y el Rider-Waite. Este último es su favorito porque es el “tarot del alma”.


El tarot es una baraja de naipes utilizada para consultar hechos del pasado, del presente y del futuro. El mazo está compuesto por 78 cartas, 22 arcanos mayores y 56 arcanos menores. Estos últimos están divididos en cuatro palos de 14 cartas: espadas, copas, bastos y oros, como en la baraja española. Los más utilizados son el tarot de Marsella, el más popular con dibujos sencillos de estilo medieval y el tarot de Rider-Waite conocido por su facilidad de interpretación, debido a su simbología.


El tarot es un instrumento para acompañar y ayudar a las personas a orientar su vida y a construir su futuro, explicó Martha. “Yo lo necesitaba después de haber tenido una vida tan activa”, dijo y agregó que no solo es un servicio sino que es algo que a ella le hace bien.

También dijo que mucha gente que va a consultarle toma el tarot como una terapia. “Acá vienen y cuentan cosas que no le cuentan a nadie y muchos dicen que se sienten mejor cuando se van. Ese es mi objetivo”, contó.


En sus consultas deja claro que el tarot no es predictivo, solo muestra hacia donde está yendo la persona y aconseja. “A veces vienen buscando que se les solucionen los problemas, pero el tarot no los soluciona”, señaló.


También aclaró que las personas que eligen ir a una consulta lo hacen por diferentes motivos. Algunos por simple curiosidad, otros para divertirse. “No todo el mundo viene a llorar, pero muchos lloran”, dijo señalando una caja de pañuelos desechables que había sobre la mesa. Ella prefiere que vayan personas jóvenes, porque cuanto más mayores, hay más vida atrás y “es complicado porque hay muchos más nudos”, dijo. Sin embargo, cuando va gente joven, la consulta fluye más rápido porque hay otro tipo de energía, señaló.


Tomándole el pulso a la República


En esta segunda vida, además de ayudar a los demás Martha se divierte conociendo sus historias de vida. Contó que es muy importante la variedad de gente que le solicita una consulta. ”Vienen de todas las clases sociales, de todas las profesiones, gente con cargos y también gente muy poco preparada, de todo” dijo.


“Vienen y me cuentan lo que están estudiando, el concurso que están dando, en donde trabajan. Yo digo que le tomo el pulso a la República”, dijo riendo.

De lunes a viernes Martha recibe en promedio a tres personas por día en su consultorio. Lo máximo de clientes que ha tenido son ocho en un día, pero eso no es lo más común. Dijo que durante las sesiones pierde mucha energía espiritual y que eso la puede afectar, por eso evita tener muchas consultas. Para recuperar esa energía perdida elige la meditación para “alimentar a la mente y al espíritu”.


A sus clientes se presenta como Martha, sin apellido. Gran parte de ellos llegan a través de su publicación en Mercado Libre, una página de ventas online, y mediante el boca a boca de los propios consultantes. La tarotista comienza su consulta contándole al cliente en qué va a consistir la sesión. Luego necesita la fecha de nacimiento para obtener su carta maestra, que es el punto de partida de las tiradas.


Contó que realiza dos tiradas de cartas en las que obtiene un panorama de la persona para tener contexto de su vida. “Cada vez que hago una tirada le digo ‘no me cuentes nada, pero decime si estamos en sintonía’”, dijo Martha. Después el cliente hace las preguntas que quiera y ella tira las cartas sobre la mesa para saber las respuestas.

Las preguntas que la gente hace son muy variadas, pero por lo general siempre preguntan por trabajo, por temas relacionados con la pareja, por los sentimientos de una persona en relación al consultante, por temas económicos y por el futuro de terceras personas. Martha dijo que el tema más delicado es la salud. “Malas noticias no doy, porque nadie puede predecir la muerte”, dijo. Admitió que no puede ni debe decir si alguna persona se va a morir, aunque ella lo vea en las cartas porque el futuro no está escrito y depende mucho de las acciones de los seres humanos. “No describo el futuro porque cada uno tiene el futuro en sus manos”, dijo.


El costo de una consulta es de $500 y el tiempo es de una hora máximo, pero hay algunas personas que, si Martha tiene tiempo, se quedan hasta dos horas y funciona como una terapia. Hay otras que con las dos tiradas generales se conforman y se van. Ella recomienda consultar las cartas cada tres o seis meses, aunque hay personas que quieren ir todos los meses. “Las cartas van a decir lo mismo, no tiene sentido. Voy a estar usando el tiempo y gastando el dinero de la persona para nada”, explicó.


Martha se toma muy en serio su trabajo y con mucha responsabilidad, por eso no le tira las cartas ni a sus amigos ni a su familia porque considera que no hay objetividad. Ante la solicitud de los estudiantes de hacer una consulta a las cartas, Marta también se negó y fundamentó: “Yo me abrí a ustedes desde lo personal y cuando yo tiro las cartas, de mi persona no hay nada. Tampoco sé nada de la persona que viene”.


María Eugenia Arana / Agustín Escudero

Setiembre 2018



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