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La obsesión del luthier: la guitarra perfecta

Actualizado: 15 de feb de 2019

Alejandro Montossi es un joven luthier dedicado a la reparación y mantenimiento de guitarras y bajos que sueña con tener su propia marca de guitarras artesanales.



Alejandro Montossi es obsesivo. En su taller donde arregla guitarras y bajos, están todas las herramientas meticulosamente colgadas de una placa de metal. La mesa alfombrada sobre la que trabaja está despejada y sin ningún rastro de polvo, ni cables o cuerdas partidas. “Si no está todo ordenado no puedo trabajar”, dijo Montossi sentado frente a la mesa que bien podría ser un block quirúrgico si no fuera por la música que sonaba desde un amplificador Laney.


Esa mañana Montossi quería cambiarle el filtro a su bajo -porque además de arreglar instrumentos los toca- para lograr otros sonidos. Pero no encontraba el repuesto. Su bajo -un Yamaha TRBX 174- lo compró “estropeado y abandonado” por seis mil pesos en Mercado Libre y lo restauró. Empezó a tocar las cuatro cuerdas para entender el instrumento.


—Es imposible que yo pueda hacer un buen trabajo si no conozco el instrumento, no puedo entender la necesidad del músico— explicó Montossi.


Revisó el armario en busca del filtro. “Acá entró gente”, dijo mientras revisaba el mueble desconociendo el desorden. El filtro seguía sin aparecer y el bajo dado vuelta y sin tapa brillaba debajo de la lámpara.


Montossi vestía unos vaqueros azules que terminaban sobre unos championes Adidas blancos y, a pesar del calor del mediodía de primavera, una campera de algodón Legacy. Sentado sobre una silla con ruedas recorría la ele que formaban sus dos mesas en busca de una herramienta para volver a trabajar en el bajo. Tiene que ir y volver muchas veces porque cada vez que deja de usar una herramienta la vuelve a poner en su lugar. La luz que entraba casi vertical por las dos pequeñas ventanas ayudaba a las dos lámparas blancas que alumbraban directo sobre la mesa.


Su taller está en Centro Musical Carrasco (CMC), una escuela de música en Mariano Uriarte y Cooper. Arregla las guitarras de la academia y otros clientes que llegan por “el boca a boca”. Montossi conoció a Fernando Arocena, el dueño del centro, porque fue de los primeros en ir a ensayar cuando Arocena recién abría, hace ocho años.


—CMC es lo que es hoy en día gracias a Ale (Montossi), es demasiado prolijo, las guitarras estan impecables y si hay que arreglar algo más él lo hace, sin ningún problema y perfecto, es demasiado prolijo y ordenado— dijo Arocena.


Su obsesión fue lo que lo acercó al mundo de los luthiers. Llamaba constantemente a Carlos Carabajal, un reconocido luthier uruguayo, porque su guitarra hacia un ruido extraño o porque se le habían aflojado las clavijas. Luego de tantos llamados e idas al taller, Carabajal lo llamó y le dijo que necesitaba a alguien tan “ladilla” para trabajar con él. Ahí empezó a aprender el oficio, con 19 años. En su momento no apreció el “valor de que te enseñen el oficio” y la presión que demandaba el taller de Carabajal lo superó. El flujo de instrumentos era muy grande y el luthier le dijo que necesitaba alguien más proactivo y con decisión. Montossi no se sentía preparado para meter mano en una guitarra él solo y se fue.


Cuando salió del liceo fue a estudiar a La Zapada, una escuela de sonido, donde aprendió grabación y audio en vivo. Se siguió formando en la ORT como técnico en sonido e hizo talleres de música electrónica, que es lo más le gusta, y con lo que ganó un Premio Graffiti en 2013 al mejor remix en la categoría de DJ's.


—Nos fue bien, armamos un estudio con un amigo donde producimos, pero es muy complicado hacer música electrónica en Uruguay. Con la electrónica pasa lo mismo que con el candombe, por ejemplo. Porque candombe en inglés no existe, candombe es candombe, música electrónica en español ¿qué es? ¿un Pitbull? (cantante norteamericano de origen cubano conocido por mezclar inglés y español en sus composiciones). No existe un género, tenés que mezclar como hacen lo que meten latino e ingles. Era muy complicado y ta no sirvió.





La búsqueda por la perfección, o por lo que él considera lo mejor de sí, parece ser al mismo tiempo una virtud y una traba. Su obsesión por el detalle, por hacer todo perfecto lo lleva a autolimitarse. No animarse a trabajar con Carabajal por miedo a fallar, seguir hasta el día de hoy sin aceptar encargos complejos -a los que deriva a Carabajal u otros- por no sentirse listo.


Montossi se define como “muy popero y electrónico, del más comercial, con voz” en cuanto a sus gustos musicales. Alejado de sus inicios en la guitarra, cuando cursaba sexto de escuela, escuchando Guns and Roses y AC/DC. Ahora gracias a lo que aprendió con Carabajal y a devorar todo libro que encontró sobre arreglo de instrumentos -porque “por más que sea mucho de mano tenés que saber cómo funcionan los micrófonos”- volvió a arreglar instrumentos después de incursionar en la grabación y en la producción de música electrónica.


De lo más electrónico de remixar sonidos volvió a lo más esencial que es el trabajo con el instrumento, el arreglo y el cuidado del instrumento que para Montossi, es un arte en sí mismo.


—Tenés que pensar en la forma, la línea, la combinación de colores. Para mi los instrumentos son una obra de arte en sí, por más que después eso se use como herramienta para hacer otra cosa.


Montossi sueña con hacer sus propias guitarras, Amont se llamarían y serían “lo mejor” que puedan ser, en contraposición a las guitarras producidas en serie, que sufren del “consumismo que mató la calidad”. Amont es todavía un sueño, trancado por la dificultad y el precio de conseguir las herramientas y la materia prima necesaria. Pero Montossi confía en que el año que viene podrá construir su primera guitarra eléctrica.

Arocena al único que no le cobra el espacio en CMC es a Montossi porque sabe lo difícil que es emprender en la música. “Es muy difícil lo que quiere hacer Ale pero yo lo apoyó porque él es muy bueno en lo que hace”, dijo Arocena.


—Quiero hacer una guitarra y que el que la toque sienta que toda está inmejorable. Que diga ´gracias, pensaste en mí´— dijo Montossi sobre sus guitarras ensoñadas— que el que la agarre sienta que todo está pensando y que todo anda como tiene que andar, no como las producidas en serie.


Porque las guitarras además de ser hermosas tienen que ser funcionales y Montossi en su obsesión no puede pasar ni un detalle por alto.


Juan Pedro Falco / Mateo Peri


Setiembre 2018

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