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Enrique Fessler: el fundador de El Tanque, el club que no pagó sus deudas

Actualizado: 15 de feb de 2019


La historia de un club y los conflictos con su presidente actual


Enrique Fessler vive de sus recuerdos. Mientras compartía la ronda de mates con su mujer Marisa, tenía la mirada fija en la ventana de su pequeño apartamento en el barrio Malvín. Miraba al parque verde de la calle Estanislao López y viajaba, a través de esa pequeña placita de barrio, por las anécdotas que marcaron su vida. Anécdotas que siempre, de una manera u otra, se relacionaban con El Tanque Sisley.


El apartamento era luminoso y sobre el mueble del estar había fotos de los nietos, todos jugaron al fútbol. Al lado de la ventana, donde estaba sentada la pareja, había dos sillas de plástico simil mimbre, como de jardín, y un mesa de vidrio. Sobre la mesa, el mate y dos celulares. En frente al mobiliario de patio, un sillón que parecía no usarse. La luz atravesaba la ventana hasta reventar contra la pared de atrás, solo interrumpida por la silueta de Fessler y su mujer.


Fue a los 17 años que Fessler, junto con dos amigos más, Jorge Codesal y Víctor Della Valle, se juntaron para fundar el Club Atlético El Tanque. “Elegimos ese nombre porque en la esquina entre Yaguarón y Cerro Largo había un tanque de nafta. Queríamos ver si así podíamos sacarle algún peso al dueño, pero no tuvimos suerte” contó.


“Siempre vivió por y para El Tanque” señaló Marisa, orgullosa. En pareja desde sus primeros años de adolescencia, acompañó a Enrique en todas sus vivencias futboleras. “Fuimos juntos a todas las canchas, yo siempre fui muy futbolera porque mi padre me llevaba al fútbol, pero con Enrique fuimos a todos lados”.


El sueño de un club de fútbol con un grupo de amigos se vistió de negro y verde en honor a “un cuadro que estaba en la calle San Martín y Agraciada, Rosarino Central, que usaba estos colores diferentes”, señaló Fesser. Fue así que en el año 1955, El Tanque se afilió a la Liga Palermo para jugar su primer campeonato, donde salió campeón con un equipo armado con la gente del barrio.


Mientras El Tanque crecía, Fessler dividía su tiempo entre el trabajo y el club. Lo contrataron de una empresa americana de tecnología y allí comenzó una larga carrera laboral. Mientras tanto, dedicaba sus horas libres a la institución de sus amores que en el año 1959 se afilió a la AUF. “Faltaban 15 días para arrancar el campeonato y teníamos solo 9 jugadores. Terminamos saliendo campeones” contó.



Fue así que El Tanque disputó los torneos amateur de la AUF, hasta el 1990 donde dieron el paso más importante de su historia. “Ese año subimos a la primera. En el 1991 le ganamos a Nacional y a Peñarol, pero perdimos con Rentistas y descendimos de vuelta” contaba entre risas.


En ese entonces, Fessler había sido despedido después de 35 años de trabajo en la misma empresa. “Reducción de personal. Pasé un año sin salir de casa, salvo para el fútbol” señaló entristecido. “No se sacaba el piyama en todo el día, yo le decía que no se podía quedar todo el día así, que algo tenía que hacer”, dijo Marisa.


Sin trabajo, las horas en la vida de Fessler se dedicaron plenamente al club que seguía creciendo profesionalmente. Después del primer ascenso a primera división, los hinchas de El Tanque tuvieron que esperar 20 años para volver a ver a su cuadro jugar contra los más grandes del fútbol uruguayo. Entre fusiones con otras instituciones para subsistir, cambios en la sede y en los estadios, el equipo verde y negro tuvo una buena última década. Llegó a disputar la Copa Sudamericana en el 2013, pero “en el sorteo nos tocó con Colo-Colo de Chile y quedamos eliminados, increíble”, recordaba Fessler.


Las buenas épocas del club terminaron este mismo año. El Tanque Sisley no pudo pagar sus deudas a principio de 2018 y quedó inhabilitado para disputar el campeonato uruguayo. Freddy Varela, el actual presidente del club, quien años anteriores se las había ingeniado para saldar las deudas, endeudándose más aún, no pudo esta vez. “Yo le dije a Freddy Varela que había cosas que estaban mal. No podíamos tener 35 jugadores, una sede con gente trabajando. ¿Para qué?”, dijo Fessler.


Fessler y Freddy Varela


El Tanque Sisley no jugó este campeonato porque no pudo saldar sus deudas. Fessler lo extraña y para despuntar el vicio mira todos los partidos televisados del Clausura. Con la responsabilidad que siente por ser fundador reconoce la culpa de dejarlo a "él" tomar mucha posesión del club. Porque Freddy Varela es siempre "él" en boca de Fessler, como si fuera un personaje innombrable. "Él" que tiene tres camionetas y el club endeudado, "él" que pide plata del club antes de irse al mundial, "él" que quería sacar a Fessler de las cobranzas para terminar de monopolizar todo el dinero de la institución.


Fessler tiene en la casa la poca plata que recibe de los socios y los registros correspondientes en un cuaderno al lado de la tele. Cuando el Tanque jugó la Sudamericana tenían 600 socios, ahora Fessler estima que llegan a 300. “Esta plata me la voy a quedar en casa hasta que él pague las deudas, sino se la devuelvo a los socios”, dijo.


“Yo no lo puedo ni ver”, dijo Marisa mientras miraba a su marido perderse por la ventana. La misma ventana que observa para consultar alineaciones de los inicios de El Tanque, que repite siempre como canto, o un rezo, como se dicen las cosas que salen desde el fondo de la memoria.


Todo lo anterior parece mejor hoy en día en la casa de los Fessler. Ni siquiera el equipo que clasificó a la Sudamericana es mejor al “equipazo” que ganó el Extra A en 1961. Alejado en gran parte de la dirigencia del club, con Varela que no da explicaciones a los socios, Fessler sin poder siquiera ver a su equipo jugar, siente que se desvanece y se pierde en los recuerdos. El poco dinero que le siguen pagando algunos socios fieles guardado en su casa es una forma de seguir definiendo algo en El Tanque. Desde que Víctor Della Valle trajo a Varela al equipo fueron centralizando el poder.


“Yo siempre le dije a Enrique que él era amigo de Victor pero Víctor no era amigo suyo”, dijo Marisa y Fessler no asintió ni desmintió, continuó mirando los autos a través de la ventana que es alejaban por Avenida Italia hacia el este.


"A El Tanque lo único que lo puede salvar es un milagro", dijo Fessler. Su mujer bajó la cabeza y le cebó un mate lavado.


Mateo Peri/ Juan Pedro Falco


Setiembre 2018


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