• Corcho

El Reja: "los productores son todos unos chantas"

Actualizado: 4 de dic de 2018

Sus inicios, la relación con su padre y su visión sobre la religión

Era una noche de 2012 y El Reja daba un show en la ciudad de Mercedes. El músico tenía 18 años y recién empezaba, no conocía los gajes del oficio, confiaba en su productor y en la gente que lo rodeaba. Cuando su presentación terminó salió del boliche y se dio cuenta que estaba solo, en una ciudad que no conocía y sin forma de volver a su casa en Montevideo. “Casi me pongo a llorar”, dijo.


Seis años después, trás haber tenido todo tipo de experiencias, reconoció que “los productores son todos unos chantas”. Aunque no vive mal, él sabe que podría estar “doblemente mejor”.


Hasta que empezó a cantar era conocido como Jorge Rodríguez. Nació en 1993 y vivió los primeros años de su vida en el corazón del Cerro. Hijo de un feriante mayorista asesinado en una rapiña, y de una ama de casa, los recuerdos de su infancia giran alrededor de sus vecinos y las horas jugando en la calle.


Hizo la primaria en varios colegios y estuvo a punto de repetir más de una vez. Los cambios se debieron a una enfermedad de su madre, pero además, a la influencia de sus amigos y sus pocas ganas de estudiar. “Mis compañeros eran unos diablos, buenos pero diablos. La clase hacía cualquier quilombo. Yo no era ni el más tranquilo ni el más bravo, pero si estaban todos enquilombados, yo estaba en el quilombo”, contó.


Cursó hasta tercero de liceo porque tenía 10 materias bajas y estaba por repetir. Entonces empezó a trabajar con su padre y a agarrarle gusto a la plata, a pesar de que su madre le insistía que siguiera estudiando. Quería comprar cosas para formar una banda.

"No quería otra cosa en mi vida. Siempre soñé con ser cantante", dijo.

Letras sin "mucha ciencia"


Sus canciones buscan ser pegadizas y hacer que las personas se sientan identificadas con la letra. “No tiene mucha ciencia”, dijo. Nunca imaginó que su popular frase “no es tan fácil ser El Reja”, lo fuese a hacer conocido popularmente. “Ahí me empezaron a pedir fotos en la calle, yo no entendía nada, yo seguía siendo Jorge. La fama me pegó de golpe”, confesó.

¿Por qué El Reja?


—Era como la moda de las bandas argentinas, El Perro, El Polaco, era ese estilo el que iba. El Reja iba como piña, era familiar.


¿Son la misma persona Jorge Rodriguez y El Reja?


—No, no es lo mismo que El Reja se mande una cagada a que se la mande Jorge—interrumpe Micaela Ríos, su novia desde hace dos años. Él ríe y asiente.


—Con mi familia y mis amigos yo soy yo. Soy un boludo más. Pero cuando soy El Reja entro en personaje. No doy bola cuando me insultan en la calle, por ejemplo, pero si vienen a mi casa y me insultan lo voy a mandar a cagar, porque es a Jorge que insultan, no a El Reja.

"Si no me piden una foto llega un punto en el que me pongo mal porque pienso que ya pasé de moda. Nosotros, los artistas, vivimos de eso. El día que no te pidan fotos es porque no sonás más", dijo.

Sus inicios


Su primer show abierto fue en Complejo Cabildo, un boliche en Ciudad Vieja. Todos los viernes se hacía un festival de bandas nuevas y cada una tenía que vender 50 entradas a $50 cada una. Él y su grupo llegaron en un camión de reparto de Alejandro Vascolet, una marca de chocolate en polvo, que su padre les había prestado. “Cualquiera que pasaba subía y se venía con nosotros. Llenamos el baile”.


Su primer instrumento, un teclado, lo compró después de haber ahorrado $13.000. Fueron seis horas de ómnibus de ida y vuelta de Montevideo a Melo para conseguirlo. Cuando llegó, su padre, que consideraba que todo se debía conseguir con esfuerzo, le regaló la batería.


—¿Qué relación tenías con tu padre?


—Tenía una relación hermosa. Me cuidaba pila, siempre estaba arriba mio pero al mismo tiempo me dejaba ser libre. Yo siempre hice lo que quise. Teníamos una relación zarpada.


—No cancelaste ningún show cuando falleció.


—No tenía que cancelar nada. Tengo la filosofía de que por más de que se muera un familiar tuyo no tenes que cancelar tu trabajo, tus metas, ir para atrás. Si yo me muero mañana no quiero que a mi familia le vaya mal. Creo que todos los seres queridos piensan así. Yo pienso eso y creo que fue lo mejor que pude hacer. Fueron meses difíciles.


Su cuerpo está lleno de tatuajes. En su mano lleva la palabra justicia tatuada en referencia al homicidio de su padre. Pero también lo cubren una geisha, su perro, su barrio y una virgen.


—¿La religión ocupa un lugar importante en tu vida?


—No soy un re católico. Creo que cada persona tiene su Dios. Uno le pide y promete a su manera. Yo soy muy agradecido y respeto mucho. Los Viernes Santo no como carne. Ni hamburguesa. No como jamón. Nada. Soy vegetariano. Y en momentos malos, rezo.


Belén Danza/ Katherine Chamyan

Agosto 2018

​© 2023 by STREET LIFE. Proudly created with Wix.com

  • Twitter Corcho
  • Instagram Corcho