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42,195 kilómetros de salsa

Actualizado: 13 de feb de 2019


El exmaratonista Aguelmis Rojas llegó a Uruguay en 2009 huyendo de las trabas económicas que le ponía Cuba al deporte

Ganar una carrera con un premio de US$ 5.000, que te corresponda solo el 10 % de la tajada pero que finalmente no recibas un solo dólar. Entrenarse meses para competir internacionalmente y que a falta de días para la competencia, un jerarca del estado te diga que no vas a poder ir a competir al extranjero porque no hay fondos, cuando en realidad el estado no debe poner plata porque la invitación a la carrera incluía todos los gastos y lo que sucede es que ningún funcionario quiere hacerte el pasaporte y realizarte los trámites necesarios para salir de la isla.


Aguelmis Rojas es un exmaratonista cubano, que, al igual que muchos colegas suyos, se cansó de la burocracia del estado y decidió salir de la isla en busca de un lugar donde ser atleta fuera más redituable.


Comenzó a entrenar a los 15 años bajo las órdenes de Rafael Díaz, quien lo acompañó por 25 años hasta su retiro hace ocho meses. El estado cubano le solventaba todos los gastos al atleta, pero había un sistema "muy burocrático" que no le permitía crecer, afirmó Aguelmis. El gobierno recibía el 90% -cuando no la totalidad- de los premios del deportista y se encargaba de hacer todo el papeleo. Cada vez que el maratonista era invitado a salir del país el estado tramitaba los permisos, y había veces que la ineficiencia llevaba a que Aguelmis quedara sin la posibilidad de ir a competir.


El cubano de 40 años planeó dejar la isla desde que empezó a viajar por el atletismo en 1999. A Cuba le agradece una parte de su formación, la otra dijo que fue gracias a su esfuerzo y perseverancia, pero no quiso más burocracia y decidió que cuando pudiera salir del país acompañado -le daba miedo irse a un país nuevo solo- se iba a quedar a vivir en él.


En 2007 casi cumple su cometido cuando estuvo a punto de salir del país caribeño junto a su entrenador para ir a correr el Campeonato Mundial de Media Maratón en Udine, Italia. Ya había decidido quedarse allí cuando poco tiempo antes le indicaron que iría solo y su idea se postergó dos años.


Su siguiente oportunidad fue en 2009 cuando lo invitaron a disputar la carrera Doble San Antonio en Piriápolis. En esa ocasión sí lo dejaron salir junto a Díaz. Dejó en la isla a su pareja y su hija Eliani de 4 años, con el sueño de poder llevarlas a su nuevo destino a la brevedad. Sueño que no solo no se cumplió, sino que se separaron y rearmaron sus vidas.

Aguelmis Rojas junto a su pareja Cinthya y su hijo Benjamín, ambos uruguayos. Facebook Aguelmis Rojas

Aguelmis ganó la Doble San Antonio y firmó un contrato con Reebok, pero según dijo, es "difícil llegar a fin de mes", por lo que debió desenvolverse en otros oficios.


"Por suerte en Cuba te preparan para varias cosas, me formé en electricidad y estudié la Licenciatura en Cultura Física y Deporte. Acá en Uruguay fui albañil, corté pasto, fui electricista y di clases de salsa mucho tiempo. La salsa sí es innato. Mis padres siempre bailaron y me enseñaron. Un día me vio un amigo cubano y me preguntó porqué no daba clase, empezamos como joda y después seguí", explicó Aguelmis que actualmente es el coordinador de recreación de Solanas Vacation Club.

Desde que llegó a Uruguay vivió en varios lugares, pero siempre dentro del departamento de Maldonado. Aseguró que le agrada la tranquilidad y le hace acordar a Varadero, uno de los puntos turísticos más importantes de su país natal.


Inmigración y discriminación a la uruguaya

Uruguay ha tenido en los últimos años una nueva oleada de inmigrantes provenientes, principalmente, de Venezuela y el Caribe. Aguelmis, que ya es ciudadano uruguayo, opina que "siempre que los inmigrantes estén calificados y vengan a trabajar aportan al país y enriquecen el nivel cultural". A estas personas, el cubano las agrupa en la "migración sana", porque también lamentó que en las olas migratorias "siempre viene de todo un poco", y hay inmigrantes que "no aportan nada" y contribuyen a la delincuencia y el narcotráfico.


El atleta de 40 años sostuvo, además, que hay gente que se queja de que los inmigrantes vienen a "robar" trabajo. Sin embargo, a su parecer lo que hacen los extranjeros es hacer que los trabajadores locales se deban esforzar más y ser más productivos.


"Cuando llegué a Uruguay, los tres primeros años les ganaba a todos, ahí los muchachos (otros maratonistas) se empezaron a dar cuenta que para competir tenían que entrenar más. 'Hay que ponerse serio que este cubano nos gana', decían. Eso trajo que el atletismo en Uruguay tenga un mayor nivel", dijo Rojas.

Aguelmis aseguró que ha padecido poca la discriminación, pero hubo un hecho que sostiene lo perjudicó mucho. En abril de 2016 ganó la Maratón de Montevideo con un tiempo de 2 horas, 17 minutos y 32 segundos, más de un minuto menos que el tiempo que necesitaba para superar a Andrés Zamora y así clasificar a los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro del mismo año.


A menos de un mes de la cita olímpica, la Confederación Atlética del Uruguay (CAU) resolvió, tras denuncia de Zamora, anular las marcas conseguidas en la Maratón de Montevideo por problemas en el trazado, se recorrieron menos metros de los correspondientes a una maratón. Con esto Aguelmis quedó fuera de su segundo Juego Olímpico y en su lugar fue Zamora.


Aguelmis aseguró que lo "bajaron" de la Olimpíada y que "sabe" que le jugó en contra ser extranjero. "Mil veces preferían que los represente un uruguayo a que fuera yo", dijo el cubano.

Aguelmis abrazado al presidente del Comité Olímpico Uruguayo (COU) luego de ganar la Maratón de Montevideo 2016 y clasificar a las Olimpiadas de ese año. El COU luego inhabilitó su marca.
"Ellos (el CAU) me dieron su punto que tiene cierta lógica, y es que el circuito fue alterado, pero ta... yo no podía hacer nada con eso. Lo primero que sabes cuando eres inmigrante es que estás en desventaja, siempre", sostuvo el atleta cubano.

La vida de retirado

Aguelmis vive en la ciudad de Maldonado junto a su pareja Cinthya y su hijo Benjamín, de cuatro años. A Cinthya la conoció dando clase de salsa, ella era una de sus alumnas.


La mayor parte del tiempo lo pasa en Solanas, dijo que es un trabajo demandante pero que lo disfruta y que estudió para eso. Corre muy poco, en estos ocho meses si salió 10 veces a entrenar es mucho, dijo. "Te entra la pereza después de dejar de correr profesionalmente. Hay que esperar que nazcan nuevamente las ganas, uno tiene que tener motivación para correr", explicó.


Contó que a veces le entran ganas de correr alguna carrera pero que enseguida se le van. "Ahora quiero correr por placer y salud. El deporte de élite es una agresión al físico para lograr resultados", dijo.


Recuerda con orgullo y alegría sus principales premios, aseguró que los triunfos en la carrera San Fernando 2012 y las maratones de Montevideo (2014, 2015 y 2016), además de su participación en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004, donde culminó en el puesto 47 de la maratón, son sus mejores recuerdos.


Dijo que le gusta cuando se dan cuenta quién es y le piden una foto, pero que no es "como otros atletas que tienen las medallas y los trofeos a la vista en su casa". Los suyos, aseguró, los tenía esparcidos por todos lados y un día Cinthya los guardó todos en el altillo.


Su conexión más importante con Cuba es su hija Eliani, en 2017 la visitó luego de ocho años sin verla. Nunca perdió el contacto pero la extrañó mucho, especialmente los primeros años que no tenía pareja y a Benjamín, que le ayudó a "cubrir un poco lo que extrañaba". Ya comenzó el papeleo para que, aunque sea de visita y no como lo planeó en 2009, Eliani pueda llegar a Uruguay el año que viene.


Agustín Escudero/María Eugenia Arana

Setiembre 2018

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