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El filósofo que abrió el primer gimnasio de Parkour en Uruguay

Actualizado: 15 de feb de 2019

Franco Faccennini combina el parkour con la filosofía como forma de vida.



El parkour es el arte del desplazamiento, una forma de moverse por el mundo, pero más allá de ser una mera actividad física, es una forma de comprender y relacionarse con el entorno. Nace en Francia en la década de los 80 y llega a Uruguay, como llegan hoy en día todas las cosas, a través de internet.


Franco Faccennini empezó a practicarlo en 2012 y en marzo de este año abrió, junto a Jerónimo de León, el primer gimnasio dedicado al entrenamiento del parkour. Entre los dos convirtieron un estacionamiento en Kinetik, un gimnasio que cuenta con una superficie de piso amortiguado con más de 700 resortes que ellos mismo ensamblaron y con una fosa donde se pueden practicar saltos y caer en una piscina de polifones. “Es un ambiente ideal para entrenar, una forma de hacer más accesible el parkour a los que quieren arrancar”, dijo Faccennini.





Durante el verano Faccennini y su socio se dedicaron a acondicionar el parking, a transformarlo en un gimnasio. Limpiaron paredes, pintaron y trajeron los equipamientos que fueron comprando pero también consiguiendo por ahí.

Actualmente es mitad gimnasio y mitad estacionamiento; todavía hay seis autos que sirven para solventar los gastos que no se cubre con los socios. Ser y perdurar es la filosofía del parkour y para que el gimnasio pueda perdurar, al menos por ahora, son necesarios los autos.


El gimnasio nace como la materialización del deseo de darle un lugar a la comunidad “huérfana” del parkour en Uruguay. El núcleo de esta comunidad es digital, tienen una página web donde se comunican las juntadas y se comparte información y videos. Faccennini y su socio vieron el interés existente y la falta de infraestructura que había en Uruguay. “Hicimos este espacio porque es un negocio viable. Entendimos que para que el parkour pudiese crecer como disciplina de entrenamiento y como filosofía de vida necesitaba de un lugar un poco más amigable para que la gente se acercara. Porque tenés que tener muchas ganas de practicar parkour para empezar a hacerlo en la calle, solo.”, explicó Faccennini.





Al gimnasio, que bautizaron Kinetic, van unos 60 socios además de gente que paga 300 pesos por día para usar las instalaciones y asistir a las clases. Además de parkour hay clases de acrobacias, slackline (un deporte de equilibrio sobre una cinta plana de nylon fijada entre dos puntos, donde los practicantes saltan y hacen acrobacias) y break dance.





Acaban de ganar un fondo de 20 mil dólares que da la Agencia Nacional de Desarrollo que les permitirá dejar el gimnasio “pipicucu”. Van a agregar un espacio de danza, una cantina y una zona de musculación y dejar de alquilar las cocheras dejando el espacio exclusivamente como gimnasio. “La idea es poder generar un espacio donde la gente venga, entrene, se tome algo sano en la cantina y se quede un rato acá. Queremos que sea un lugar de educación, donde se pueda venir a aprender a intercambiar conocimiento y reflexiones. Nosotros no impartimos un conocimiento único sino que invitamos a la auto reflexión y al enriquecimiento entre todos”, dijo Faccennini.


Para Faccennini el parkour es su filosofía de vida y no lo dice a la ligera, por decirlo, sino desde la propiedad de quién está por licenciarse en Filosofía en la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación.


—Empecé a estudiar filosofía por una cuestión romántica de la búsqueda de la verdad, del sentido de la vida y al parkour por una cuestión más física, de hacer ejercicio y de moverme. Con el tiempo las dos prácticas se fueron mezclando, fui entendiendo que la filosofía no podía ser una cuestión meramente teórica, no podía quedarse en el mundo de las ideas. Tenía que traducirse en una cierta acción, en una cierta conducta, sino era estéril, pensar y que ese pensamiento quede en solo pensamiento se me fue presentando como un sinsentido. Fui extrayendo de la práctica del parkour ciertas consideraciones y ciertas reflexiones más teóricas. Entonces se fueron alimentando mutuamente el parkour y la filosofía. Hasta que el parkour se convirtió en mi filosofía de vida. Filosofía de superación, de auto-conocimiento, de exploración, de movimiento; fui entendiendo que todo en la vida consiste de movimiento, de cambio y que entonces la forma en que nos movemos, la forma en que cambiamos se vuelve central para la vida. Estudiar el movimiento en su forma más básica, en el mejor de los sentidos posibles. Entender el movimiento del cuerpo se me presentó como lo más lógico a los efectos de vivir una vida buena.





El movimiento como algo teórico pero también como una rutina. De Carrasco, donde vive la madre y los hermanos, hasta Palermo en bicicleta, donde está Kinetik, de ahí a la facultad y después todo otra vez.


Además de incipiente filósofo y emprendedor del parkour, Faccennini es un exitoso importador de papas. Hace casi tres años se murió su padre y junto a uno de sus hermanos menores se tuvieron que hacer cargo del negocio del padre: importar papas semilla de Holanda y Canadá. Sin el padre tuvieron que salir a defender el negocio, de la competencia siempre atenta, para no perder clientes. “Es una parte importante de mi vida”, reconoce porque representa un sustento económico para su familia y porque le permitió comenzar el gimnasio.


Faccennini parece necesitar que todo tenga un fin práctico, una utilidad para la vida actual. Algo que sale del parkour, disciplina que plantea que el entrenamiento tiene que servir para la vida.


—En el parkour se busca de alguna manera poder ser el héroe en cada situación, si se queda un gato atrapado en el árbol poder subirse y bajarlo. Si hay un accidente en un edificio poder ir y rescatar a la gente. Un poco desde el servicio a la comunidad.


¿Es funcional?


—Nosotros escuchamos el término entrenamiento funcional y nos cagamos de risa. Escuchamos decir a los de crossfit que hacen entrenamiento funcional y nos cagamos de risa. Porque funcional para nosotros es lo que hacemos nosotros, es realmente moverse en cualquier lugar y en cualquier situación. Que tu cuerpo responda a las necesidades de la vida y que tu cuerpo responda a las necesidades de la vida.


¿El parkour responde a las necesidades de la vida? ¿Trepar un muro es una necesidad?


—Y yo qué sé, no te toca hasta que te toca. Pero si un día necesitas trepara un muro podés.


Capaz que le verdadero entrenamiento funcional es arar la tierra.


—Sin duda, pero creo que el parkour te deja preparado para eso. También está un poco lo que se entiende por vida en el siglo veintiuno, vivimos muy protegidos dentro de las ciudades, de la sociedad de la civilidad. Pero bueno, nadie puede predecir que será de lo que es. Estamos sujetos sin duda al cambio y el parkour es una forma de prepararse para el cambio.


Para Faccennini los saltos y movimientos del parkour son una forma de conocerse y de aprender a superar obstáculos. Los muros de la calle, un parcial de facultad o cualquier cosa que pase. Porque en el parkour y en la vida hay que adaptarse.


Mateo Peri/Juan Pedro Falco


Setiembre 2018

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