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Darkside Bros: la tienda que puso de moda lo friki

Actualizado: 20 de feb de 2019


Hace 18 años que los hermanos Zaha incursionaron en el negocio de la informática, pero hace tres que decidieron darle una vuelta de tuerca y cambiar las computadoras por figuras coleccionables



Desde alfombras temáticas de Harry Potter hasta estatuillas de The Walking Dead es lo que puede encontrarse en Darkside Bros, la tienda de los hermanos Zaha. El local está repleto de figuras coleccionables de vinilo de la marca Funko, de personajes de las series y películas más reconocidas. También hay llaveros, libretas y billeteras de varios tamaños y colores.


Está ubicada sobre la calle Benito Blanco en el barrio de Pocitos y comenzó como un negocio familiar de reparación de computadoras, Compusyst. El padre de Fernando (37) y Marcelo (35) era técnico informático y hacía trabajos a domicilio hasta que decidió abrir el local en donde los hermanos comenzaron a trabajar. Aprendieron el oficio porque estaban “todo el día con máquinas” y luego se fueron actualizando con cursos terciarios.

Durante 18 años trabajaron en el mundo de la informática y aprendieron a lidiar con su público, que según Marcelo, “está de menos”. “Es como una sala de emergencia en donde vienen y dicen: ‘Hola, no me anda'. Y a los tres minutos tocan la puerta: '¿Está pronto? Estoy en el auto’”, agregó. Con el tiempo los hermanos se dieron cuenta que la gente no valoraba su trabajo. Sin embargo, continuaron en el rubro.


La inspiración en Android


Con el surgimiento de las redes sociales, Marcelo percibió que eran un buen medio para promocionar los productos que vendían en Compusyst y empezó a subir fotos. Pero demandaba mucho trabajo en una computadora, administrando las redes y la página web de la tienda. “Como trabajaba mucho dije: ‘preciso un macaquito’ para mirarlo y llenarme de felicidad. Es como el almanaque porno del taller mecánico, sacás una rueda sin ganas y mirás y te inspirás”, dijo Marcelo. Entonces se compró un muñeco del sistema operativo Android y lo puso sobre el mostrador.


“La gente venía y me decía: 'Ah, ¿a cuánto está?'. No no, es mío. Soy tan infeliz que me traje un Android. Después me traje un Jocker y un Dark Vader y a la gente le encantaba”, dijo Marcelo.


Los halagos de los clientes animaron a los hermanos a comenzar a importar muñecos para la venta. Empezaron a traer poca cantidad pero cada vez se vendían más y por eso decidieron buscar marcas y distribuidores en el mercado internacional. Ninguno de ellos tenía idea de importaciones y era el “gran cuco”. Consultaron con un ingeniero químico del Latu cómo debían hacerlo, pero al explicarle lo que querían traer desde el exterior no entendía porque en Uruguay nadie importaba figuras coleccionables. “No es un macaquito de esos articulados. Es un coleccionable, una estatuilla que no la usas para jugar, la dejás ahí, no le pasas la lengua. No es resina, no es porcelana, es plástico”, explicó Fernando.



En un principio, la idea de los Zaha era distribuir la mercancía en tiendas que se dedicaran al rubro de los coleccionables, porque no querían venderla en el local de informática. Armaron listas de precios, catálogos con fotos de los productos y salieron a venderlos a esos posibles lugares que ya tenían identificados. A pesar del esfuerzo, no le vendían a nadie. “No sabían para qué era, porque no es el Spiderman que mueve las piernas. Entonces nos decían: ‘¿Y esto cómo funciona? ¿Un niño cómo va a querer esto? ¿Un adulto lo va a comprar?'”, dijo Marcelo.


El desconocimiento de las grandes jugueterías por los productos y la potencial amenaza que notaron algunos coleccionistas, determinó que Marcelo y Fernando decidieran vender en Compusyst. Apostaron por mostrar los productos de una forma distinta a como están hoy en internet, que no fuera la clásica foto genérica que publica la marca. A cada estatuilla o muñeco que importaban le hacían una sesión de fotos y la publicaban en las redes. Mostraban cada detalle de la figura para que el cliente pueda reconocer el personaje representado y eso a la gente le gustaba.


En septiembre de 2015 hicieron su primer gran importación, pero no tuvieron el éxito esperado. “Fuimos a una feria navideña los primeros días de diciembre y dijimos: ‘Bueno llevamos todo, lo reventamos ahí y seguimos vendiendo computadoras’”, recordó Fernando. Para su sorpresa, la respuesta de la gente fue muy buena y entonces se replantearon la idea de abandonar los coleccionables. “¡Vamo’ arriba! Vamos a seguir apostando a esto. A los dos meses trajimos una carga grande para aquel momento, que nos permitió tener un abanico y darle otra fuerza a la idea”, dijo.

El rubro tabú


El antiguo local de Compusyst se renovó para convertirse en Darkside Bros, la primera tienda de figuras coleccionables de Uruguay. La tienda de artículos informáticos llenó sus paredes de macaquitos que están fuera de su caja para que el cliente los pueda tocar y observar antes de comprarlos. Para ambos, el rubro no estaba expandido y “era medio tabú”. El coleccionista y amante de estos artículos tenía que ir a lugares oscuros o escondidos, en lugares poco amigables, según dijo Fernando. Por esta razón, la idea de la tienda original fue sacarle el drama al rubro.




“Nos pasó con un arquitecto que era cliente de informática. Él venía muy serio a la tienda, pero un día cae y ve una pared llena de figuras. No era de venir mucho al local pero quedó asombrado.  A los tres minutos reaccionó y me dijo: ‘Gracias, esto es maravilloso. Mi mujer no me deja comprarme estas cosas y tampoco me acompaña a verlas’. Se transformó, fue como si hubiera salido del closet porque le gustaban este tipo de cosas”, dijo Fernando.

Las reacciones como las del arquitecto eran cada vez más frecuentes en el local. Fernando contó que hasta el día de hoy entran y se quedan mirando las paredes sorprendidos. Ambos perciben la felicidad de la gente al entrar al local y no existe ninguna incomodidad por ser “el rarito que va a comprar muñecos”.



Todos somos frikis


En su página de Facebook se definen como: “un friki store, por frikis y para frikis”, pero esto lo hicieron para sacarle el misterio al concepto. “¿Qué es ser friki? Qué tengo raro?”, dijo Fernando que añadió que ambos se casaron, tienen familia y son deportistas. Para ellos, si eso es ser friki, lo son. La gente que entraba al local lo hacía con la cabeza gacha y muy vergonzosa por no saber con lo que se iban a encontrar y eso es lo que los Zaha intentaron cambiar desde un principio, que los clientes no se sientan mal en la tienda.

“Es gente como nosotros, normal. No hay un estereotipo de personas", dijo Marcelo.



El objetivo de los Zaha en este último tiempo fue atraer al comprador casual. Aquel cliente que no compra un muñequito pero le copa tener un llavero o una taza. Según Marcelo es otro tipo de público, “que no das ni dos pesos” y que no se te pasa por la cabeza que va a comprar. Ambos hermanos recordaron que ha ido gente a buscar macaquitos para ponerle un anillo y proponer matrimonio. “Se ha desdramatizado el tema y hoy es re normal, ya no es tan cuco”, dijo Marcelo.



Complacer al cliente es uno de los principales objetivos de los Zaha. Cada vez que llega una nueva importación, hacen un vivo a través de su página de Facebook mostrando los nuevos productos. “La gente te va comentando: ‘¿Vino algo de tal cosa?”, dijo Fernando.





Fernando y Marcelo confían en que el rubro de las figuras coleccionables seguirá creciendo y esperan que la moda que impusieron anime a que las personas descubran el friki que llevan dentro.


María Eugenia Arana / Agustín Escudero

Noviembre 2018


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