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Conociendo a Naná

Actualizado: 13 de feb de 2019

Religiosa y referente en el mundo de la prostitución en Uruguay, la vida de Nelly González, la dueña de “La Casa de Naná”


Naná a los 44 años cuando comenzó a trabajar en prostitución

Uruguay vivía en un régimen de dictadura, Nelly González tenía 44 años y trabajaba en un salón de belleza, pero lo que ganaba no le alcanzaba para vivir. Una de sus clientas era dueña de un prostíbulo en Maldonado y ella, después de escuchar que se ganaba bien, le pidió trabajar allí. “Me fui a trabajar de eso para comer, por necesidad”, explicó.


Nelly González, conocida como “Naná”, nació el 17 de enero de 1933, “mismo día que el presidente actual, pero no el mismo año”, declaró con orgullo. Hoy es dueña de uno de los prostíbulos más conocidos en Uruguay: La Casa de Naná.


La Casa de Naná está ubicada a 5 minutos en auto del centro de Maldonado y a 18 minutos de Los Dedos de Punta del Este



Fue criada por su madre, empleada de una droguería, y su abuela, que era ciega a causa de la diabetes. “No sabía que ser ciega era un impedimento. Mi abuela cocinaba, hacía todo lo de la casa”, contó. Con su padre, que era policía, dejó de tener contacto cuando tenía siete años. De grande se volvieron a cruzar, pero él estaba casado con otra mujer. “Mi padre no tenía vicios, pero le gustaban las mujeres, era muy mujeriego”, afirmó.


Los primeros años de escuela los cursó en la enseñanza pública, después se cambió a un colegio pupilo de monjas, medio horario, porque su madre no podía pagar toda la jornada. Ahí empezó su interés por la religión. “Soy católica. Yo creo en Dios y creo que lo que yo brindo es un servicio, no un delito. Un servicio que hay que hacerlo, que alguien tiene que hacerlo”, dijo. A los 13 años, en lugar de empezar el liceo empezó a trabajar en una fábrica de horquillas para el pelo. Ese trabajo derivó en otro y en otro.

En Uruguay la prostitución es legal desde 2002 y están registradas 10.000 trabajadoras sexuales, aunque son 30.000 las que lo ejercen, según indicó la Organización de Trabajadoras Sexuales a El Observador.

Ejerció como prostituta de los 44 a los 50 años, edad en la que entendió que ya era hora de retirarse. El mismo año que empezó, luego de juntar algo de dinero, abrió su propio prostíbulo. Admitió que no fue difícil empezar con el negocio porque la gente la conocía. “Cuando llegaba a algún lugar la gente aplaudía y gritaba ‘ahí viene Naná’”, dijo.


Prostíbulo de Naná

¿Su madre seguía viva?


—No, murió cuando yo tenía 40. Ella hubiera preferido pasar hambre a que yo trabajara de eso. Pero yo quería sobrevivir.


Si bien disfrutaba de su trabajo, las primeras veces que ejerció no fueron tan fáciles.  “Uno se siente horrible cuando comienza a trabajar de esto”, dijo, y agregó: “te das cuenta de que la gente viene a atenderse, viene a hacer algo distinto, quiere mejorar su calidad de vida. Entonces estas mejorando la calidad de vida de la persona y de la pareja también”.


“Considero que cuando el hombre está bien tratado sexualmente va a la casa y es feliz. Lo he comprobado porque lo veo. La mujer, si no tiene buena cama, se aguanta y chau”, afirmó.

Hoy vive entre Maldonado y Montevideo porque con 85 años sus visitas al médico son frecuentes. Usa bastón por un problema de columna, está operada de cataratas y se está tratando por un problema de circulación en la pierna. No quiso ser fotografiada porque no estaba maquillada, ni arreglada, tampoco tenía las pestañas postizas puestas.


Naná y el amor


¿Estuvo enamorada?


—Varias veces. Soy enamoradiza, pero no estúpida. Yo me enamoro, pero donde haya algo que no me parezca, automáticamente dejo de querer. Yo no sufro ni lloro por amor. Si salió con otra o miró a otra chica, murió, no sirve para nada, no era lo que habíamos tratado.

¿Estuvo casada?


—Me casé tres veces. La última vez fue a los 60, estuve solo nueve meses casada porque me mintió. Lo descubrí y me divorcié.


¿La engañaba?


—Sí y eso no se lo puedo permitir. El engaño y la mentira para mí son símbolos de que murió el amor.


¿Y si hubiese pagado a una prostituta?


—Lo hubiera hablado, porque el defecto no es de él, es mío. Yo considero que cuando el hombre va a pagar a una prostituta es porque le falta algo. Cuando no tiene buena cama, cuando la mujer no es puta en la cama. Entonces no es perdonar, sino hablarlo. Cuando tu pareja te engaña con una amiga es un hijo de puta, pero con una prostituta es para conversarlo.


No tuvo hijos. ¿Le hubiese gustado?


—Yo soy hija de padres divorciados y nieta de divorciados. Consideré que para tener hijos tiene que estar el padre y la madre y aguantar todo lo que sea. Yo nunca creí que la pareja pudiera seguir muchos años. Siempre fui desconfiada. No me entusiasmó la idea de que un tipo se quedara tanto tiempo conmigo.


¿Cómo ve las relaciones amorosas hoy?

—El hombre ha llegado a la conclusión de que no quiere tener un compromiso. Hoy en día lo que quiere es salir con una mujer, pagar el servicio, mucho gusto y hasta luego. El 99,9 % de los hombres no quiere tener la relación que se tenía antes. Tiene más suerte una prostituta que una chica que no lo sea. Al hombre le gusta pagar por hacer algo que normalmente no se lo hace su pareja. Le gusta la prostituta. Desgraciadamente es así.


¿Cuál es su visión del sexo? ¿La mujer también tendría que satisfacerse del sexo?


—Si vos no tenés buen sexo con tu pareja es porque no sirve. La mujer habla y expresa lo que le pasa, lo que no le gusta. El hombre evade y va y se acuesta con otra. Que la mujer se acueste con otro no queda bien, no es elegante, no se hace eso. Cuando están de novios hacen de todo. Pero después, cuando se casan, la mujer ya no quiere nada y el hombre sigue igual. La mujer va evadiendo su rol de esposa para darle poca importancia al marido.


"Con mujeres que no hacen sexo anal, no hacen sexo oral, no hacen nada, ¿vos qué haces? Las tenes que matar. Los tipos se van con una prostituta, le pago y me hace de todo", dijo.

¿Entiende a la mujer como un objeto del hombre entonces?


—Yo no lo entiendo, lo entienden ellos así. Nos ven como un objeto pagable. En cualquier momento van a salir los tipos por la calle a decir “¿cuánto cobras?”. Ya falta poco para eso.


¿Eso le preocupa?


—Les tiene que preocupar a los más jóvenes, yo ya viví.



Belén Danza/Katherine Chamyan

Setiembre 2018

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