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Una boxeadora anticonflicto

Actualizado: 21 de feb de 2019

Chris Namús habló sobre su niñez en La Teja, la dificultad de sus inicios en el deporte y su mediatización pasajera durante el primer gobierno de Tabaré Vázquez.



La primera vez que la niña de cinco años Christian Namús vio a sus padres pelear, supo que iban a separarse. Nunca se habían levantado la voz delante de ella antes, pero Christian sabía que las cosas no estaban bien. Su recuerdo más latente de la infancia es el de su abuelo pidiéndole a sus padres que dejen de gritar. "Ta, que está Christian", repetía. Después le vienen a la cabeza imágenes de su madre juntando sus cosas en un bolso, un camión de mudanza en la puerta de su casa en La Teja y la niña Christian, hasta el momento hija única de un matrimonio destrozado, siendo arrastrada y separada de su mundo. A partir de ese momento, crecería como una niña nómade e indecisa pero también valiente y esforzada.


Ya pasaron 25 años de ese episodio y ahora, Namús es una reconocida boxeadora -primera profesional de Uruguay, 28 peleas, 24 victorias y cuatro derrotas- y actual campeona del mundo por la Federación Internacional de Boxeo (FIB), además de campeona mundial juvenil por la Asociación Mundial de Boxeo en 2008. En un bar sobre 18 de Julio, mientras toma un café, dice que esas imágenes le quedaron grabadas en la cabeza y que marcaron una etapa decisiva en su vida.


Su vida nómade la llevó de La Teja a Belvedere, y de ahí de nuevo a La Teja a vivir con sus abuelos paternos. "Nada mejor que que te críen tus abuelos porque, como dicen, los abuelos no crían, malcrían", contó Namús entre risas. Después, cuando cumplió la mayoría de edad, pasó por Pocitos, Carrasco, Lagomar, Shangrilá, Malvín, pero volvió a la casa de sus abuelos en La Teja cuando ellos fallecieron.


¿Cómo eran tus abuelos?


—Eran muy exigentes con el estudio y nunca dejaban que nos faltara nada. Mi abuela era la típica señora que sale a hacer los mandados y para a hablar con cada vecina que se encuentra. Vos la escuchabas y decías: “No puedo creer, recién le hablabas mal de esta vecina a la otra”. Muy fatal mi abuela. Me hablaba mal de mi madre pero si se enojaba con mi padre me hablaba mal de mi padre. De más chica me afectaba porque hasta el día de hoy soy muy anticonflicto, más allá de mi trabajo que parece todo lo contrario.


A su abuela Amanda (o Amandita, como le decían en el barrio) le encantaba que la niña anticonflicto peleara. Por eso le pagaba las clases de karate y taekwondo que empezó a hacer cuando se mudó con ellos y, más adelante, cuando cumplió 16, las clases de boxeo.


¿Sos una persona tranquila?


—Muy tranquila. Soy de las que si hay un lío ahí, corro para la otra punta. Ustedes me empiezan a gritar ahora y yo me pongo a llorar. Tengo carácter, obvio, si me hacen algo malo. Pero si me equivoqué, me venís a rezongar, lo más probable es que me tiemble la voz y no pueda hablar. Soy súper maricona, me emociono por todo.



Por eso, Namús afirma que no practica boxeo porque le gusta pelear, sino competir, algo que no ocurre desde octubre del año pasado, pero que volverá a suceder este 1º de diciembre. Cuenta que su idea era pelear más de una vez este año, pero sufrió dos lesiones: un esguince y una recaída en su operación de hernia de disco. Además, dos rivales cancelaron los encuentros pactados poco antes de la fecha. Para mantener su título debe defenderlo en lo que queda de este año.


¿Y ahora?


—Ahora lo que hace la federación es pactar una pelea obligatoria que es con la rival que ellos eligen. La que me tocó es canadiense, viene invicta y la pelea va a ser allá (en Canadá).


¿Nunca podés elegir con quién pelear?


—Los promotores son los que arman las veladas. Los dueños de los boxeadores. A mí me encantaría pelear con la que está en el puesto número uno del ranking mundial de mujeres boxeadoras. Cuando hay dos campeonas siempre los promotores van a una especie de licitaciones y se hace el negocio para ver en qué país se hace la pelea. Para hacerla en Uruguay, que en el boxeo la local siempre tiene muchas más chances de ganar, el promotor tiene que poner mucha plata. Lo mismo para hacerla en Puerto Rico. Entonces, como a ninguno de los dos les sirve el negocio…





¿Cuánto de lo que se gana por pelea es para ustedes y cuánto es para los promotores?


—Lo que ganan ellos no te enterás. Pactan de antemano. Te dicen “vos vas a ganar tanto por esta pelea, ¿te sirve?”, y siempre te termina sirviendo porque fijate ahora me tienen hace un año sin pelear y aunque me ofrezcan tres pesos voy a decir que sí porque lo necesito. Tengo que pelear, necesito la plata.


¿Son los promotores los que se quedan con la mayor cantidad de plata entonces?


—Siempre es el promotor el que se queda con la ganancia sí, pero fuera de eso, ya está estipulado que el tope para una mujer boxeadora es tanto. Si mañana me toca pelear en Las Vegas, yo sé que ahí los hombres ganan US$ 150 mil y yo no quiero ir por 10 mil, pero es lo que pasa.


¿Le pagan a un boxeador hombre 150 mil dólares y a una mujer 10 mil?


—Sí.


Ahora que hace un año de tu última pelea, ¿de qué estuviste viviendo?


—Me fui a Ucrania un mes a ser sparring (persona que ayuda a un boxeador profesional a entrenarse peleando juntos con reglas más libres que en una pelea oficial) de Cecilia Brækhus, que es considerada la mejor boxeadora de todas las categorías del mundo. Me mantuve de alguna manera con eso. Aparte, sé que cada vez que peleo tengo que apretar la plata porque después es medio incierto cuando voy a volver a pelear. Además los sponsors me aportan solo cuando peleo, no es que por mes me dan algo. Así que recaudo lo más que puedo y después aprieto.




Ser mujer en el mundo del boxeo


En cuarto año de liceo fue el año que entró al liceo militar, y el único que cursó allí. Pero además, fue el año que encontró su pasión por el boxeo y empezó a transitar el camino del rechazo y la dificultad de ser mujer en el mundo de un deporte puramente masculino en Uruguay.


¿Por qué te fuiste del liceo militar?


—Era un ambiente muy machista. Partamos de la base de que entraban 300 hombres y 30 mujeres, una cosa así eran los cupos de ingreso. Hacía pocos años que habían empezado a ir mujeres, antes era solo de hombres, y el ambiente dentro reflejaba todo ese machismo. Éramos siempre menos. La fila para comer era primero hombres, después mujeres.


¿Sos feminista?


—Sí, totalmente.


¿Apoyás las movilizaciones que hacen?


—Apoyo todo lo que considero que tenemos que estar en igualdad con el hombre. Cuando me rechazaron en los gimnasios para aprender boxeo, no lo entendía. Pensaba que capaz en este no entrenaban a mujeres, pero en otro sí. Después, cuando Antonio Canedo me aceptó en su gimnasio, me dijo: “no hay ni siquiera vestuario para mujeres”.



Pero Namús no veía eso como algo en contra de la mujer, sino que consideraba que el entrenador no entendía que estaba equivocado. Por eso, para ella, decirle: "Che, pero mirá que yo puedo hacer lo que está haciendo él ahí, y capaz que hasta lo hago mejor" y demostrárselo, era más eficiente que hacerle una manifestación en la puerta del gimnasio.


Su imagen a cambio de boletos de Cutcsa


El primer gobierno de Tabaré Vázquez, fue el gobierno que mediatizó la imagen de Namús a través del programa Knockout a las drogas. Su propósito era abrir gimnasios de boxeo para ayudar a los adolescentes y jóvenes a salir de las drogas aprendiendo el deporte. La boxeadora se convirtió en la abanderada del programa y su cara acompañaba a la del presidente en cada gimnasio que se iba inaugurando.


“A mí no se me retribuía por eso. En ese momento me brindaban un entrenamiento físico y boletos de Cutcsa. Usaban mi imagen y necesitaban que me fuera bien para poder seguir mostrándome”, dijo.

Durante el gobierno de José Mujica ese programa gubernamental desapareció, y cuando Vázquez fue reelecto lo reinstaló, aunque esta vez sin Namús.


El video, la depresión y el distanciamiento del deporte


Hace 6 años, la boxeadora se distanció del deporte por un año. Estaba pasando por una depresión que afectaba su desempeño en el ring.


“Hubo un tiempo en el que yo estuve alejada del boxeo. No estaba peleando ni nada. Tuve depresión, estaba tomando muchas pastillas, iba al psiquiatra, al psicólogo y estaba con muchas medicaciones que me afectaron el peso, que es muy importante para poder pelear”, dijo.

¿La depresión fue por la frustración de no poder pelear por el tema de la hernia?


—En parte sí y en parte por una cuestión que me tocó vivir a nivel público…


¿El video?


—El tema del video, sí.


En 2012 se viralizó un video de Namús y un exnovio teniendo relaciones sexuales.


¿Cómo te afectó eso?


—Mal, muy mal. Creo que superarlo no lo voy a superar nunca porque a veces creo que lo tengo superado y de repente un día me agarra mal. Me pasa en las redes sociales que siempre hay alguno que pone algo al respecto. Hay días que lo bloqueo y listo, pero hay días que se me llenan los ojos de lágrimas y me da mucha bronca y quiero contestar.


“Yo al principio estaba bien. Iba a entrenar, de capucha y llorando pero iba a entrenar, y así estuve dos o tres días metiéndole, y un día escucho una conversación que no tenía que escuchar: mi mamá no había podido mandar a mis hermanos al liceo ni a la escuela porque no les hablaban de otra cosa que no fuera eso”, contó.

Chris Namús es la misma niña que a los cinco años separaron de su madre y que en la escuela era obligada a pelear con cualquier niño que la molestara. Sensible, anticonflicto, encaradora y, desde el boxeo, más decisiva que nunca.


Katherine Chamyan / Belén Danza

Setiembre 2018

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