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Capturas de vida de un sindicalista con historia

Actualizado: 18 de feb de 2019


Richard Read, uno de los sindicalistas más reconocidos de Uruguay, recordó los momentos más relevantes de su vida



Para Richard Read, la historia de uno la forman las imágenes. Con 65 años, seis hijos, cinco nietos y a un paso de retirarse del mundo sindical, recordó su vida a través de fotografías que representan momentos importantes. “Yo recuerdo la foto pero no recuerdo qué pasó a los 15 minutos ni al otro día. La historia de uno son fotografías”.


Foto 1

Discurso de Richard Read en el acto del 1º de mayo de 1983, Palacio Legislativo.

Hay una foto emblemática para mí que es la del acto primero de mayo de 1983 que estoy hablando arriba de la tarima. Fue en el Palacio Legislativo, de cara a la calle General Flores. No fue solamente un debut público, si no que me marcó el camino hasta el día de hoy. Ese día nos jugábamos una parada enorme: era la convocatoria pública después de 10 años de no hacer un acto del primero de mayo. Las horas previas fueron de mucha incertidumbre porque se había pedido permiso para hacerlo a la policía. A las dos horas de la foto quedó la satisfacción de haber cumplido, porque fueron 340 mil personas a un acto convocado por personas que no tenían ni idea de quiénes eran. Pasaron 35 años en los que nacieron mis hijos, me formé como militante sindical, como hombre y como persona. Me recuerda de dónde vengo, por si algún día las luces me encandilan. Me hace sonreír porque el que estaba parado ahí hablando era un desfachatado de 30 años. Tenía la cabeza muy en los objetivos. Es una de las fotos que a mí me marca el inicio de un camino. Es una foto que me demostró que en plena dictadura había señales de democracia que estaban enquistadas dentro de la gente común y corriente y no había otra. Ese fue el inicio del fin de la dictadura. Cuánto tiempo llevaría no se, pero se había cortado. Cuando vos te retiras, la foto queda pequeña y se genera un mapa alrededor de todo lo que fue la gesta histórica.


Foto 2


Nací en el Cerrito. Vivíamos en un garage con mi papá, mi mamá y mi hermana. Los zapatos no existían, andábamos siempre descalzos, en patas. No éramos pobres, pero en aquella época teníamos un solo par de zapatos y cuidábamos las cosas. Mi niñez fue muy feliz. En todo el año repetíamos las tres comidas, no existía la milanesa.


Foto 3


Fútbol en Cerrito, después jugué dos años en Bella Vista. No sé cómo fue que jugué, faltaría uno. Jugué en los juveniles de Peñarol también, un desastre era, le pegaba a todo lo que se movía. Jugaba de back derecho. Nosotros nos juntábamos a una cuadra de la Iglesia del Cerrito y era esas barras de esquina sanas. En turismo nos queríamos ir para afuera y ahí empezábamos a manguear, a vender papeles, huesos, botellas, hacíamos bailes en la casa de alguno para recaudar plata. Yo era el más chico y el único que trabajaba. Cobraba y me iba con unas pizzas para la esquina. Era muy sano, muy respetuoso. Y guarda con que alguno se meta mal con alguna chiquilina del barrio. Era una sociedad que sancionaba, que tenía límites, que establecía códigos. Una sociedad que si renuncia a la sanción social se convierte en selva, como estamos hoy.


Foto 4


Tengo seis hijos que tienen entre 9 y 40 años. El primero lo tuve con 25 años y la última a los 56. Mi mail es 6hijos5nietos@gmail.com. Tener un hijo a esta edad te obliga a tener la cabeza más fresca, sino perdés, pero perdés mal porque te caminan por el lomo. Para mí es muy divertido. Yo me divierto mucho con mis hijos chicos, aparte son contemporáneos con mis nietos. Emilia (9) es la tía de Felipe, que es mayor que ella, tiene 12 años. Es estar actualizado. Si yo hubiera parado de tener hijos con el que tiene 30, mi cabeza estaría en otras cosas. De vuelta tuve que leer El país de las sombras largas y de vuelta corrigiendo deberes y de vuelta llevando los chiquilines a la escuela y de vuelta yendo a la fiesta de fin de año. ¡Me re contra pudre esa fiesta, es una cosa que me tiene re paspado! Hace 30 años que voy a la fiesta de fin de año, me pone de un mal humor espantoso. Las mismas canciones, las mismas pelotudeces, las mismas duraciones. Yo le decía a Pedro Bordaberry: “Estos guachos tienen tu problema, son portadores de apellido”. ¿Cómo es un tipo de 65 años conviviendo con dos adolescentes de esas características? O te aggiornas o te sacan a pasear los domingos al sol y después te guardan. Te obliga a cuidarte, a decir: “no es justo que estos botijas queden sin padre por una imprudencia mía”. La muerte te tocará cuando sea, pero no la provoques, no la llames.


Foto 5


18 de octubre de 2013, Palacio del Congreso Nacional de la República Argentina.

Un día me llega una carta a la embajada argentina del embajador invitándome a tomar un café y me cuenta que hay un premio que da el Senado argentino anualmente que trata de resaltar a latinoamericanos que contribuyen a la paz, a la concordia, a la emancipación. Y que me que habían elegido a mí. “¿Quien me eligió a mí?”, pensé. Cuando me dijeron que quién me había propuesto era un uruguayo, yo no lo conozco no se quién es. Resultó ser un gerente del partido socialista. Fui con mi familia con todos mis hijos, con mis nietos y un montón de viejos amigos. Esa distinción me sorprendió. Fue en el senado argentino. Me llamaron, me presentaron y me dieron el premio.


Foto 6


Yendo a España con Felipe González. Pero había ahí un viejo socialista que me marcó, el alcalde de Madrid, Tierno Galván. Un hombre mucho más grande que yo. Le habían hablado de mí y en uno de los viajes que yo fui a ver a un amigo lo conocí. Quedé encantado con el viejo ese. Fue uno de los tipos de la época de ese momento más respetado en España, más aún que el rey. Un tipo fantástico. Cómo la vida te llevó en esos andariveles... De aquí para allá. Fue muy valioso para la sociedad mundial como aporte de convivencia.


María Eugenia Arana / Agustín Escudero

Setiembre 2018

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