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Alejandro Spuntone sobre La Trampa: “no sé si terminó todo bien, pero terminó”

Actualizado: 18 de feb de 2019

El ex vocalista dejó atrás la doble vida que tenía con la banda

Alejandro Spuntone tenía 14 años y trabajaba en un almacén de la esquina de 26 de Marzo y Lorenzo Pérez. Cortaba fiambre, despachaba la leche y reponía los refrescos. Quería comprarse ropa de marca y unos buenos championes porque quizás así no lo dejarían más de lado en el liceo.


Pero “los viejos” no tenían plata para eso. A veces ni tenían para comprar la cena o pagar el alquiler. Spuntone recuerda que las palabras “vencimiento” y “desalojo” estaban muy presentes en su casa, a veces mientras cenaban los churros que traía el padre del puesto que tenía en el Parque Rodó porque era lo único que había para comer.


Fue a la escuela Noruega, después al liceo n.º 28 y terminó en el Colegio Juan Zorrilla de San Martín. La música tuvo una presencia más intensa en su vida durante esa época.

“Yo nunca fui un líder de grupo ni nada parecido. Ni el tipo que las minas andaban atrás de él. Al contrario, era bastante cero a la izquierda, con mal gusto para vestirme y en la música encontré un lugar donde ser más yo”, confesó.

Todo empezó con una guitarra eléctrica y los Ramones. Spuntone dice que siente una relación afectiva con esa banda.

¿Por qué?


—Porque me retrotrae a sus tiempos. Sobretodo Joey Ramone, el cantante. Un tipo alto, flaco, judío, de izquierda, feo, con mil problemas y enfermedades, que encontró en la música un lugar en donde era él y en donde podía mostrarse y sobresalir, al lado de un tipo que era un facho de ultraderecha, medio racista, el Johnny que tocaba la guitarra. Siempre admiré esa capacidad de vencer todo eso que nadie hubiera hecho porque el cantante tenía que ser lindo o de una imagen determinada, y él era un antiimagen. Siempre me vi muy reflejado en él.


Ahí empezó su doble vida: en el liceo era el aislado, en la música era él. Más adelante, con La Trampa, esa dualidad se potenció. En el escenario era el rockero de pelo por debajo de los hombros que cantaba desacatado "El Poeta dice la verdad". En la vida cotidiana era auxiliar contable en un estudio. Hoy, eso cambió. No solo porque dejó La Trampa, sino que ahora, en el escenario es el mismo que en la vida real.


¿Y cómo es Alejandro Spuntone en la vida cotidiana?


—Me levanto, hago las tareas de la casa, tiendo la cama de mi hija, la mía, lavo ropa, la cuelgo, lavo los platos, dejo todo limpio. Me gustan las tareas de la casa. Creo que fue algo inculcado por mi vieja. Siempre me hacía ordenar mi cuarto. Se ve que también tiene que ver con lo psicológico. Cuando uno tiene desordenada la cabeza por lo menos ordena las cosas que están en la vuelta para no tener tanto caos en la vida.


Ordenar su vida es casi una obsesión para él. Cerrar los ciclos es fundamental para avanzar. Por eso, para Spuntone, La Trampa es una etapa terminada.

¿Terminó todo bien?


—No sé si todo bien, pero terminó.


En el comunicado que publicó la banda diciendo que se diluía el grupo decía que “el argumento humano que mantenía viva a la banda, perimió”, ¿qué quisieron decir con eso?


—Que era como sostener una pareja. Vos podés tener una pareja, quererla mucho, pero hay cosas que ya no funcionan. La Trampa se fue, al tiempo volvió y cuando empezamos a trabajar nos dimos cuenta de que capaz las cosas que queríamos cada uno eran diferentes y lo más sensato era dejarla por ahí. No volvimos por la gente, ni nos fuimos por la gente. Lo más honesto que hicimos fue eso. Hicimos lo que teníamos que hacer nosotros. Por hacer feliz a la gente yo no voy a ponerme en un lugar donde no voy a ser feliz y en donde no quiero estar.


¿Te pasó eso con La Trampa? ¿Estabas en un lugar donde no eras feliz?


—Sí, llegó un momento que sí.

“Que con La Trampa causamos mucha alegría y mucho dolor… sí, bueno, yo no me puedo hacer cargo de los sentimientos de los demás. Me apena mucho pero no puedo. Apenas puedo hacerme cargo de mis sentimientos”, afirmó.

El 2017 había sido un buen año para la banda: concentró a 20 000 personas en el Teatro de Verano cinco noches, recorrió el interior y sacó dos canciones nuevas. Pero la falta de la misma visión de los integrantes para el grupo y la discordia que se produjo debido a eso, pudo más que el éxito. En ese sentido, Spuntone no es como su ídolo Joey Ramone.


"Por años, el cantante no se habló con el guitarrista porque le robó la mujer. Entonces le hizo una canción que se llamaba 'El Ku Klux Klan se robó a mi novia' y el guitarrista la tocaba. Una locura, y estuvieron 30 o 25 años sin hablarse haciendo gira. Yo no podría, salvo que fuera mi único sustento y sin eso me muriera de hambre, que no supiera hacer otra cosa", confesó el cantante.


Componer para sobrellevar lo malo


Spuntone se define como compañero, resiliente e imperfecto, y dice que cuando hace música estas características se muestran más latentes. No compone mucho porque le cuesta expresar sus ideas con palabras. Por eso, lo primero que le sale cuando va a componer es la melodía.


"Admiro mucho a los compositores, es tremendo poder vencer tus propios miedos, mostrarle a alguien la letra de cosas que escribiste que a vos te parecen una chotada. Hay gente que puede sentarse a rimar y a escribir canciones y le salen miles. A mí no me pasa eso", contó.


Sin embargo, la vida le sacó algunas letras. Una de las primera canciones que escribió fue “Soy mejor” para El Resto de Nosotros y fue inspirada en lo que vivió con su hijo Nicolás. En el 2010, y después de sufrir y convivir con una parálisis cerebral, el niño de 6 años murió.



“Una letra de una canción que escribí con Guzmán Mendaro surgió porque me contó que se estaba por ir de vacaciones y tenía una perra muy vieja que era de su mujer. Cuando la conoció, ella ya tenía a la perra y se la llevaron cuando se fueron a vivir juntos. Se llamaba Candela, estaba muy vieja y cuando ellos tenían todo pronto para irse, le dio algo a la perra y no se pudieron ir.


Entonces Guzmán me contó eso y a mí se me ocurrió una idea con una melodía que ya tenía él. Me los imaginaba a ellos en una situación jodida como esa, pero intentando saltar muros afuera de la casa en donde habían quedado encerrados por culpa de la perra. También referencié eso con cosas que me habían pasado en la vida con mi esposa: cómo uno puede sobre una situación dolorosa, compleja o negativa, tratar de ponerle onda para poder sobrellevarla.


Con mi hijo me pasaba lo mismo, de repente pensabas ir a algún lado y mi hijo se enfermaba entonces me tenía que quedar. En lugar de ponerle una carga negativa a todo eso, hombro con hombro decía: ‘vamos a salir de esta’”.

"El fútbol tiene buenas metáforas"


A Spuntone le encanta comparar la vida con el fútbol. Dice que, como en el fútbol, en la música podés pegarle mil tiros al arco pero embocarle solo uno al ángulo. O ninguno. “Uno nunca sabe cuando va a lograr un hit”, dijo. Él nunca imaginó siquiera que lograría una carrera musical como la que logró.


¿Te acordas de tu primer concierto? ¿Cómo fue? ¿Qué sentiste?


—Sí. Fue en el Club de Pescadores Independiente enfrente al zoológico. Era una despedida de fin de año de un club de fútbol de una liga amateur de barrio que se llamaba El Taponazo. Canté covers de los Rolling Stones, Clapton, Los Redondos. Tenía un susto. Me acuerdo que había uno de ahí que me traía vino mientras cantaba y me decía: “tomá, tomá, así te movés un poco”. Yo estaba duro, paradito en el escenario. Tenía 19 años. Pero me encantó y cada vez que subo a un escenario me genera una adrenalina que el día que la pierda, no toco más.


Y él quiere seguir tocando. Reconoce que hoy es quien es gracias a La Trampa, pero que no se arrepiente de lo que pasó.


¿Hay algo de lo que sí te arrepientas?


—Tengo mil cosas para arrepentirme. Creo que todos tenemos cosas para arrepentirnos, pero por algo las hicimos, no se puede ir para atrás. Me parece que la vida es mucho más equivocarse que acertar. Un cuadro que tiene 100 años tendrá 100 campeonatos arriba, ponele. Si ganó 20, que es super campeón, perdió 80. Si en la vida, de los 100 campeonatos, ganaras 85, sería un embole.


Katherine Chamyan / Belén Danza

Octubre 2018


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