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A prueba de todo por seguir jugando al fútbol

Actualizado: 17 de feb de 2019

El futbolista Elbio Álvarez, que se hiciera conocido con 17 años como la “joya” de Peñarol ha superado dos roturas de ligamentos cruzados, un representante que lo estafó y un dirigente que le soltó la mano

Un césped que, en las partes donde está presente, es irregular. Una tribuna principal con 10 filas de asientos pintados de celeste -sin cabinas para transmisión ni butacas- y una tribuna opuesta con tres filas de escalones más pegados y contra un muro que separa la cancha de la Ruta 1. Detrás de un arco, una elevación de tierra y pasto alto que termina a los pocos metros con un muro que lo separa de la calle y detrás del otro, un baldío en el que se puede encontrar, entre otras cosas, un arco que cayó en desuso.


El Parque Ancap del barrio La Teja, estadio de Uruguay Montevideo Football Club, no debe ser el lugar donde Elbio Álvarez se imaginó estar jugando a sus 24 años cuando en 2011 era nominado a mejor futbolista del Mundial sub 17 y lo llamaban la “joya” de Peñarol.

El adolescente -casi- de oro

El reconocimiento le llegó de adolescente al futbolista criado en el barrio Maroñas. En 2011, cuando tenía 16 años, fue a disputar con la selección uruguaya sub 17 el Mundial de la categoría en México.


Álvarez, que jugaba en las inferiores de Peñarol, anotó dos goles en el campeonato, uno de ellos en la semifinal ante Brasil, y fue el motor del ataque uruguayo desde su posición de enganche (mediocampista ofensivo). Su actuación le valió estar entre los 10 nominados a mejor jugador del Mundial, junto a otro uruguayo, Gastón Silva, hoy jugador de Independiente de Argentina y frecuentemente citado a la selección mayor.


En la final disputada en el Estadio Azteca ante 90 mil personas el local se adelantó en el marcador al minuto 31. Dos minutos después, Álvarez tuvo la ocasión más clara del partido para Uruguay cuando estrelló una pelota en el palo izquierdo del arco mexicano.


Sobre el final del partido México anotó el segundo gol. La selección dirigida por Fabián Coito debió conformarse con el segundo puesto del Mundial y Álvarez con el sexto puesto en el ranking de mejor jugador del certamen. "Si no ganábamos era obvio que no íbamos a sacar un premio, tres mexicanos nominados, campeones y el Mundial en México, ¿dónde la viste que no ganen?", dijo el futbolista. Los tres primeros lugares fueron ocupados por los mexicanos.

Dos tropezones

Álvarez volvió del Mundial como la gran promesa de Peñarol. Se hablaban de millones de dólares por su pase y del interés del Real Madrid y del Benfica de Portugal en contar con el mediocampista.


Por su edad, Álvarez aún jugaba en la cuarta división del club aurinegro, pero como se había destacado lo iban a subir a la primera. El día antes del ascenso, el adolescente jugó un partido amistoso frente a la quinta división del club. El partido iba 10 a 0 cuando un rival le pegó una patada innecesaria y la rodilla le sonó.


Álvarez quedó sentado y cuando se quiso parar se dio cuenta que no podía y que la lesión era grave. "Se me cayó el mundo. Volvía del mundial, estaba en mi momento y me querían grandes clubes", se lamentó el joven. Para peor, una vez en el vestuario, el adolescente que lo había golpeado admitió que lo había hecho por gusto. Al agresor lo echaron, pero eso no quitó que Álvarez estuviera siete meses inactivo por rotura de ligamentos cruzados.


Ya en 2012, volvió a jugar y esta vez en la tercera del club -la reserva. En uno de sus primeros partidos, contra River Plate, Álvarez tuvo la mala idea de encarar a un excompañero de selección sub 17, Ignacio Ratti.  "Lo pasé y dejó el pie. Lo choqué, me caí y Nacho tiene la mala suerte de caer arriba de mi pierna. Ahí no sentí nada, solamente me dolía, pero supuse que no sería nada, un esguince porque podía caminar normal", contó Álvarez, que en ese momento no se dio cuenta que se había roto los ligamentos cruzados de la otra rodilla.


La recuperación fue más rápida porque la hizo con el médico Walter Ferreira, que era médico de Nacional pero también atendía de forma privada. "En cinco meses estaba para jugar. En Peñarol a los tres meses arrancaba a correr, con Walter a esa altura ya estaba haciendo zig - zag y freno y arranque en el Prado", explicó Álvarez.

De Lisboa a La Teja

Otra vez recuperado, Álvarez siguió entrenando en las formativas de Peñarol hasta que en la pretemporada de verano del 2015 le dijeron que iba a tener minutos en primera. El 9 de enero de ese año llegó un llamado de Portugal que cambió la intención del club y del jugador.


Luego del entrenamiento de la mañana, el técnico Pablo Bengochea reunió al plantel y les comunicó que se había resuelto el pase del que hablaba el fútbol uruguayo, Jonathan Rodríguez se iba al Benfica. "Pero Jona no se va solo. Elbio lo va a acompañar", dijo el exfutbolista e ídolo aurinegro y Álvarez quedó impactado, se enteraba en ese momento.


Sumado a esto, terminado el entrenamiento de la tarde, el mediocampista salió rápidamente hacia el Círculo Católico para presenciar el nacimiento de su segunda hija, Ema.


"Amor, mirá, tengo la posibilidad de irme al Benfica con Jonathan", le dijo sutilmente Álvarez a su pareja un rato después del parto. "¡Pero que se vaya solo! ¿Por qué se tiene que ir contigo?", le respondió alterada la joven.


Al otro día más tranquila, ella aceptó y a los 15 días Álvarez emprendió el viaje.

En Portugal estuvo viviendo un mes en la casa del uruguayo Maximiliano "Mono" Pereira, que era jugador del club. Álvarez cuenta que incluso el Mono le daba los championes para entrenar pese a que ni se conocían.

El sueño de jugar en un club de primer nivel europeo duró un año para el enganche. La primer temporada tuvo buena participación en el equipo, jugó como titular varios partidos y en otros fue pieza de recambio. Sin embargo, al año siguiente su influencia en el equipo bajó y le rescindieron el contrato.


Luego fue a probarse a un cuadro de Estados Unidos, no quedó y recaló en Uruguay, más precisamente en Capurro, para defender los colores de Fénix.

"Lo tomé con mucha tranquilidad porque me gusta el fútbol. Esté en Fénix, esté en Benfica para mi es lo mismo, son clubes que me van a evaluar por mi rendimiento y no por uno o dos partidos. Para mi es todo lo mismo. A mí me encanta jugar al fútbol", explicó.

En el cuadro albivioleta jugó poco. Estuvo dos años jugando principalmente en la reserva hasta que quedó libre a comienzos de 2018. Entrenó un tiempo con Atenas de San Carlos pero no firmó un contrato por diferencias entre el sueldo que el jugador pedía y el que el club estaba dispuesto a pagar.


"Antes de mitad de año me fui para Danubio, empecé a entrenar y me dijeron que me iban a hacer un contrato, pero pasaban los días y nadie me decía nada. A los cuatro meses seguía poniendo plata de mi bolsillo para venir todos los días desde mi casa en San José sin que me pagaran nada", contó.


En setiembre llegó una llamada. Esta vez no era de Lisboa, era de La Teja.

Uruguay Montevideo, cuadro que culminó quinto en el Apertura de la Segunda B Nacional, la tercera y última división del fútbol uruguayo, quería contar con el enganche para la Liguilla, un torneo disputado por los ocho primeros del Apertura y que define los ascensos a la Segunda División Profesional. "Necesito jugar", dijo Álvarez y aceptó.


"Es amateur la tercera. Cada uno cobra por partido lo que arregla con el club. Yo cobro por partido jugado, por asistencia que doy, por gol y por partido ganado del equipo. Me sirve porque en la posición que juego es normal que haga goles o dé asistencias. No sé cuál es el arreglo de los demás. Es poco lo que se cobra, algunos compañeros avisan en el grupo que no llegan al entrenamiento porque están en el laburo. Todos laburan, yo no, yo me dedico solo a esto", dijo el futbolista.


Álvarez está conforme porque está jugando continuamente pero su idea es volver a salir del país.

"Yo vine para jugar, para agarrar ritmo y para que digan, "mirá, este es Elbio Álvarez, el que andaba bien, está volviendo", contó.

El representante que lo "cagó"

Luego del Mundial sub 17, Álvarez, junto a otros cuatro jugadores (Jim Morrison Varela y Juan San Martín de Peñarol, Gastón Silva de Defensor Sporting y Gianni Rodríguez de Danubio) firmaron un contrato de derecho de preferencia de venta con el Benfica.


Esto especificaba que el club luso desembolsaba 1,5 millones de dólares (por los tres jugadores de Peñarol) para tener la preferencia en poder comprarlos en el periodo de pases siguiente. Como en cada contrato, a los jugadores les correspondía una plata, que en el caso de Álvarez no llegó en su totalidad:


"Viajamos y firmamos con nuestros padres porque éramos menores. Ahí nos avisan que nos iba a llegar una plata. Ya en Uruguay el representante que tenía me dice que llegaron 107 mil dólares. Estaba peleado con mi viejo y sin él no podía sacar la plata porque era menor, entonces mi representante me dice que me quede tranquilo, que él arregla con Peñarol. Un día en el auto me dice "ya tengo la plata, una parte es tuya y otra es nuestra". Me dieron 43 mil dólares. Ta, será lo normal pensé. Pero por las dudas me acerque a Jim (Varela) y a Juan (San Martín) a preguntarles cuánto recibieron y me dicen 107 mil dólares. ‘¿Ehh? ¡me cagaron!’ les digo. Esa plata era toda mía", se lamentó Álvarez.

El dirigente que le mintió

Álvarez reconoció que le encantaría volver a Peñarol, pero explicó que cuando volvió de Benfica en condición de libre, en el club mirasol le cerraron las puertas:

"El día que me iba a ir de Peñarol, un dirigente -no voy a dar nombre- me dijo que volviera al club cuando quisiera, que era mi casa. Cuando volví y estaba sin club me lo encontré en el shopping y me preguntó qué hacía en Uruguay, cuando le conté que estaba buscando equipo me dijo que vaya con ellos. Ahí le comenté que Eduardo "Chino" Lasalvia, que me estaba ayudando a conseguir equipo, ya había hablado en el club y le habían dicho que no. Entonces este dirigente me dijo "decile que hable conmigo y arreglamos". Entonces le dije al Chino y se intentó comunicar. El Chino me mandaba las capturas de los mensajes, él le escribía una carta y el dirigente nada, o le contestaba "ok", "dale", "después te llamo", y el Chino me dice: ‘nos está tomando el pelo’. Se quiso hacer el que sí porque estaba con la mujer y yo con mi señora y nos cruzamos. Era visto, son todos así, que venite conmigo, que yo te arreglo...".

Agustín Escudero / Eugenia Arana

Octubre 2018

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